/ lunes 1 de marzo de 2021

Expediente Confidencial | Un año del Covid-19 en el México fallido

En memoria de las y los 7357 bajacalifornianas y bajacalifornianos que (oficialmente) han perdido la vida debido al Covid-19, pero, sobre todo, a la INCAPACIDAD de los gobiernos. Dedicado este texto también a todo el personal sanitario que se la está jugando, a diario. Y recordando que en TIJUANA MUEREN 20 DE CADA 100 ENFERMOS DE Covid-19, cuando EN SAN DIEGO MUERE UNO DE CADA 100

Ayer se cumplió un año de que el primer caso de Covid-19 se confirmó en México.

Y ha pasado lo previsible en un estado fallido como México: hay caos

Eso tiene una raíz: no hay un solo político mexicano preocupado por los problemas de la gente común. Ni antes, ni ahora, ni nunca. El único interés de los políticos mexicanos, mujeres y hombres, es hallar formas de vivir a todo lujo con el dinero del pueblo; es dilucidar caminos que les permitan robarse cada vez más de tales recursos, principalmente a través de contratos, obras y 'diezmos'.

Mientras, vamos para 250 mil muertos por Covid-19 en el país, de acuerdo a los datos del Inegi, pero a los políticos les importan menos que nada esas vidas perdidas, salvo para usarlas como arma arrojadiza entre ellos, en una actitud que retrata plenamente su mezquindad y cinismo.

Tanto si los políticos oficialistas desean mantener el poder, sin contrapeso, como si los opositores ansían recuperarlo, es para hacer negocios desde este, no porque estén preocupados por darle una vida mejor a la gente, o frenar la crisis sanitaria.

En el plan de compra y aplicación de vacunas, no se observa una estrategia científica y coherente para salir de la pandemia, sino los intereses políticos, de grupo y particulares, de la cúpula morenista que nos gobierna. Así, dos vacunas ineficientes para detener contagios, las de AstraZeneca y Sinovac, serán aplicadas a millones de mexicanos, con la evidente consecuencia de que, merced a su rala protección, enfermarán y, posiblemente, morirán. Pero esas dos vacunas y la fabricada por CanSino, china como la de Sinovac, son las tres más compradas por México, en nítido retrato de lo que importa a los políticos: ellos, ellos y ellos. No son las mejores, no son las que pueden salvar más vidas, sino las convenientes para los intereses del gobierno morenista. La de AstraZeneca, porque la vende Carlos Slim, amigo del presidente. Las de Sinovac y CanSino, porque Marcelo Ebrard se ha puesto como tapete de China, como lo muestran los contratos para su embajada, a cambio del apoyo de la dictadura que gobierna aquel país, de cara a su ambición presidencial para 2024.

No ha existido, tampoco, la más mínima moral en la prelación de los turnos para vacunarse. Primero, los "servidores de la nación", el ejército electoral del morenismo, disfrazado de servidores públicos; también los maestros, con el pretexto de una vuelta 'segura' a las escuelas. Una falsedad sin atenuantes. Vacunar a los maestros únicamente los protege a ellos mismos, no a sus alumnos, porque la ciencia ya ha dicho que un vacunado sigue expandiendo la infección, aun cuando no la manifieste. Pero se trata de que el magisterio, agradecido y luego acarreado, ofrende su voto al morenismo...

Pero igualmente han fallado los empresarios. No han tenido empacho en usar mentiras y manipulaciones, aunque provoquen más infecciones y muertes, si eso les permite saciar su ambición de llenar los bolsillos, en el nivel que podían hacerlo hasta febrero de 2020.

Particularmente siniestros han resultado los organismos empresariales. Los dirigentes de la Canirac, en todas partes, han mentido afirmando que los restaurantes son seguros, cuando ya van cinco estudios científicos demostrando que son lugares de máximo peligro, donde hay gran riesgo de contagio. Los restauranteros también han llegado a la sinvergüenzada de arriesgar la salud de sus empleados, muchos sin seguridad social, como si fuesen peones sacrificables, obligándolos a manifestarse para exigir a las autoridades que permitan a sus patrones atestar esos negocios, sin importar el costo en vidas.

Luego, ahí está la Coparmex, inventándose la propuesta de un "salario solidario", con el típico cuento de que es para defender al trabajador humilde, pero que, en realidad, busca que el pueblo, de sus impuestos, pague los sueldos de 50 mil pesos mensuales o más, de altos directivos. Ni qué decir de las asociaciones de escuelas privadas, deseosas de la vuelta a clases presenciales, sin importar que esa medida, al instante, acarree que la mortalidad entre adultos mayores se incremente 10%, porque niñas y niños se contagiarían en las aulas, pero, en tanto asintomáticos, se volverían bombas víricas invisibles...

Tampoco se salvan la mayoría de medios y periodistas. Dichas empresas de comunicación han dado la razón a quienes abandonaron noticieros y diarios. Defienden lo indefendible, ocultan lo inocultable, con tal de que empresarios y gobiernos engorden sus cuentas bancarias. Así, que las escuelas privadas hayan perdido al 18% (sic) de sus clientes, o que las boutiques cierren en Polanco, amerita las ocho columnas. El obrero que enfermó y murió, dejando vulnerable a la familia y huérfanos a los hijos, no merece ni una nota en interiores. Las prioridades informativas marcadas por la caja y no por la deontología periodística. Las cabezas, desde su casa en el residencial privado o el condominio automatizado, ordenan que sus reporteros, con una mascarilla que no los salva de enfermarse, salgan a la calle para infectarse, aunque en ello les vaya la vida. El show, des-informativo, debe continuar.

Varios jefes de información, columnistas y reporteros exhiben que su formación universitaria fue placebo, además que, a diferencia del periodista de antaño, con menos títulos, pero más tinta en las heridas de guerra, ni siquiera pueden echar mano del empirismo, porque ni lo conocen. Así, se aprecian notas para las que el calificativo de insensibles y estúpidas resulta una caricia. Por ejemplo, aquellas que retratan el "sufrimiento" (sic) de tugurios y meretrices por la pandemia, o de las parejas "swingers", porque el virus le mete palos en las ruedas a sus prácticas. Síntomas inequívocos de en qué manos se hallan los medios masivos.

Y si los de arriba se portan criminalmente, varios de abajo sienten que tienen aval y justificación para hacerlo. Un presidente reactivo al cubrebocas ha provocado que hordas de irresponsables, egoístas, sinvergüenzas e ignorantes, eviten usarlo y vayan por ahí extendiendo infección y muerte. Particularmente cerriles han resultado varones y jóvenes. Unos, refrendando que machismo y cinismo son sinónimos. Otros, que su visión del mundo es tan mínima, mediocre, básica y nauseabunda, como su establecimiento de prioridades vitales, donde la juerga está primero que la vida de sus familiares.

El coronavirus ha tomado una radiografía de la sociedad mexicana en plena decadencia. Los elementos para el desastre ya estaban ahí, únicamente se necesitaba una chispa para encender el infierno. La pandemia ha resultado eso y, aunque lleguemos a un millón de muertos, nada cambiará. Una nación perdida y podrida, sin valores, no tiene capacidad de reacción, ni de redención. La muerte, en cuestión de días y bordeada de inhumano sufrimiento, o durante años y en cámara lenta, es inexorable para este México y quienes lo habitan...

P.D. Si algo nos pasa es que quieren callarnos

Comentarios: gerardofm2020@gmail.com

En memoria de las y los 7357 bajacalifornianas y bajacalifornianos que (oficialmente) han perdido la vida debido al Covid-19, pero, sobre todo, a la INCAPACIDAD de los gobiernos. Dedicado este texto también a todo el personal sanitario que se la está jugando, a diario. Y recordando que en TIJUANA MUEREN 20 DE CADA 100 ENFERMOS DE Covid-19, cuando EN SAN DIEGO MUERE UNO DE CADA 100

Ayer se cumplió un año de que el primer caso de Covid-19 se confirmó en México.

Y ha pasado lo previsible en un estado fallido como México: hay caos

Eso tiene una raíz: no hay un solo político mexicano preocupado por los problemas de la gente común. Ni antes, ni ahora, ni nunca. El único interés de los políticos mexicanos, mujeres y hombres, es hallar formas de vivir a todo lujo con el dinero del pueblo; es dilucidar caminos que les permitan robarse cada vez más de tales recursos, principalmente a través de contratos, obras y 'diezmos'.

Mientras, vamos para 250 mil muertos por Covid-19 en el país, de acuerdo a los datos del Inegi, pero a los políticos les importan menos que nada esas vidas perdidas, salvo para usarlas como arma arrojadiza entre ellos, en una actitud que retrata plenamente su mezquindad y cinismo.

Tanto si los políticos oficialistas desean mantener el poder, sin contrapeso, como si los opositores ansían recuperarlo, es para hacer negocios desde este, no porque estén preocupados por darle una vida mejor a la gente, o frenar la crisis sanitaria.

En el plan de compra y aplicación de vacunas, no se observa una estrategia científica y coherente para salir de la pandemia, sino los intereses políticos, de grupo y particulares, de la cúpula morenista que nos gobierna. Así, dos vacunas ineficientes para detener contagios, las de AstraZeneca y Sinovac, serán aplicadas a millones de mexicanos, con la evidente consecuencia de que, merced a su rala protección, enfermarán y, posiblemente, morirán. Pero esas dos vacunas y la fabricada por CanSino, china como la de Sinovac, son las tres más compradas por México, en nítido retrato de lo que importa a los políticos: ellos, ellos y ellos. No son las mejores, no son las que pueden salvar más vidas, sino las convenientes para los intereses del gobierno morenista. La de AstraZeneca, porque la vende Carlos Slim, amigo del presidente. Las de Sinovac y CanSino, porque Marcelo Ebrard se ha puesto como tapete de China, como lo muestran los contratos para su embajada, a cambio del apoyo de la dictadura que gobierna aquel país, de cara a su ambición presidencial para 2024.

No ha existido, tampoco, la más mínima moral en la prelación de los turnos para vacunarse. Primero, los "servidores de la nación", el ejército electoral del morenismo, disfrazado de servidores públicos; también los maestros, con el pretexto de una vuelta 'segura' a las escuelas. Una falsedad sin atenuantes. Vacunar a los maestros únicamente los protege a ellos mismos, no a sus alumnos, porque la ciencia ya ha dicho que un vacunado sigue expandiendo la infección, aun cuando no la manifieste. Pero se trata de que el magisterio, agradecido y luego acarreado, ofrende su voto al morenismo...

Pero igualmente han fallado los empresarios. No han tenido empacho en usar mentiras y manipulaciones, aunque provoquen más infecciones y muertes, si eso les permite saciar su ambición de llenar los bolsillos, en el nivel que podían hacerlo hasta febrero de 2020.

Particularmente siniestros han resultado los organismos empresariales. Los dirigentes de la Canirac, en todas partes, han mentido afirmando que los restaurantes son seguros, cuando ya van cinco estudios científicos demostrando que son lugares de máximo peligro, donde hay gran riesgo de contagio. Los restauranteros también han llegado a la sinvergüenzada de arriesgar la salud de sus empleados, muchos sin seguridad social, como si fuesen peones sacrificables, obligándolos a manifestarse para exigir a las autoridades que permitan a sus patrones atestar esos negocios, sin importar el costo en vidas.

Luego, ahí está la Coparmex, inventándose la propuesta de un "salario solidario", con el típico cuento de que es para defender al trabajador humilde, pero que, en realidad, busca que el pueblo, de sus impuestos, pague los sueldos de 50 mil pesos mensuales o más, de altos directivos. Ni qué decir de las asociaciones de escuelas privadas, deseosas de la vuelta a clases presenciales, sin importar que esa medida, al instante, acarree que la mortalidad entre adultos mayores se incremente 10%, porque niñas y niños se contagiarían en las aulas, pero, en tanto asintomáticos, se volverían bombas víricas invisibles...

Tampoco se salvan la mayoría de medios y periodistas. Dichas empresas de comunicación han dado la razón a quienes abandonaron noticieros y diarios. Defienden lo indefendible, ocultan lo inocultable, con tal de que empresarios y gobiernos engorden sus cuentas bancarias. Así, que las escuelas privadas hayan perdido al 18% (sic) de sus clientes, o que las boutiques cierren en Polanco, amerita las ocho columnas. El obrero que enfermó y murió, dejando vulnerable a la familia y huérfanos a los hijos, no merece ni una nota en interiores. Las prioridades informativas marcadas por la caja y no por la deontología periodística. Las cabezas, desde su casa en el residencial privado o el condominio automatizado, ordenan que sus reporteros, con una mascarilla que no los salva de enfermarse, salgan a la calle para infectarse, aunque en ello les vaya la vida. El show, des-informativo, debe continuar.

Varios jefes de información, columnistas y reporteros exhiben que su formación universitaria fue placebo, además que, a diferencia del periodista de antaño, con menos títulos, pero más tinta en las heridas de guerra, ni siquiera pueden echar mano del empirismo, porque ni lo conocen. Así, se aprecian notas para las que el calificativo de insensibles y estúpidas resulta una caricia. Por ejemplo, aquellas que retratan el "sufrimiento" (sic) de tugurios y meretrices por la pandemia, o de las parejas "swingers", porque el virus le mete palos en las ruedas a sus prácticas. Síntomas inequívocos de en qué manos se hallan los medios masivos.

Y si los de arriba se portan criminalmente, varios de abajo sienten que tienen aval y justificación para hacerlo. Un presidente reactivo al cubrebocas ha provocado que hordas de irresponsables, egoístas, sinvergüenzas e ignorantes, eviten usarlo y vayan por ahí extendiendo infección y muerte. Particularmente cerriles han resultado varones y jóvenes. Unos, refrendando que machismo y cinismo son sinónimos. Otros, que su visión del mundo es tan mínima, mediocre, básica y nauseabunda, como su establecimiento de prioridades vitales, donde la juerga está primero que la vida de sus familiares.

El coronavirus ha tomado una radiografía de la sociedad mexicana en plena decadencia. Los elementos para el desastre ya estaban ahí, únicamente se necesitaba una chispa para encender el infierno. La pandemia ha resultado eso y, aunque lleguemos a un millón de muertos, nada cambiará. Una nación perdida y podrida, sin valores, no tiene capacidad de reacción, ni de redención. La muerte, en cuestión de días y bordeada de inhumano sufrimiento, o durante años y en cámara lenta, es inexorable para este México y quienes lo habitan...

P.D. Si algo nos pasa es que quieren callarnos

Comentarios: gerardofm2020@gmail.com