/ lunes 27 de agosto de 2018

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Es lo mismo, pero no es igual

Justo en este mes se cumplen diez años de la frase que pronunció el empresario Alejandro Martí: “si no pueden, renuncien”. Su declaración es muy vigente, y es que dirigir, coordinar o administrar un ente público no requiere de “todólogos”, sino de líderes con la sapiencia suficiente como para saber delegar. No se entienda esto último como la capacidad de deslindarse de sus responsabilidades sino del talento para coordinar y sumar esfuerzos de un equipo.

La profesionalización del servicio público va más allá de las promesas populistas o del hartazgo en el cual se sumen las demandas ciudadanas; para lograr una profesionalización real, es necesaria la incorporación de especialistas.

Quienes se oponen a la existencia de élites profesionales dentro de la agenda pública, bien podrían equipararse a aquel paciente con dolor de muela que acude a consulta con un mecánico. La profesionalización demanda a agentes capacitados; los improvisados, además de sobrar, obstaculizan el adecuado desempeño de las instituciones.

Si las futuras administraciones, a nivel federal, estatal y municipal me pidieran un consejo, les sugeriría integrar a administradores públicos certificados, así como ingenieros especializados en procesos; ello, con el propósito de obtener la máxima explotación de los recursos desde los financieros, materiales, tecnológicos y, particularmente, los humanos, pues soy un convencido de que no se deben suplir las deficiencias ni las ineficiencias; por el contrario, debe procurarse la sistematización de los procesos administrativos

–léase burocráticos–, y si no pueden, sé que muchas personas habrán de estar interesadas en ocupar esos espacios para lograr el correcto desempeño de las funciones gubernamentales. Todos somos necesarios; más nadie es indispensable. Por eso es oportuno, viable y altamente recomendable que las administraciones públicas pugnen por la estandarización. Implementar una especie de “ISO” contribuirá a evitar el cacicazgo y la baja calidad en el servicio que se ofrece a la ciudadanía.

La credibilidad pública debe sustentarse, primero, mediante la conducta de la persona y, segundo, a través de su desenvolvimiento profesional. Pregonar con el ejemplo, siempre que sea auténtico y ajeno a la simulación. Dentro de unas semanas, el próximo gobierno federal celebrará uno de sus foros para la pacificación del país en Baja California. Aplaudo el esfuerzo del nuevo gobierno, pero es claro que aún mantiene un marcado dejo de parcialidad en su actuar; aún no separan su responsabilidad oficial del tinte partidista. Sus acciones continúan teniendo una dedicatoria especial muy morena.

La situación es tal que pasamos de un país que se transformará a partir de diciembre a considerar que no se podrá lograr todo en seis años; de la demagogia al pragmatismo solo media un paso.

Quienes simpatizan con el próximo gobierno federal contraatacan las críticas con argumentos obtusos como si señalar los errores cometidos por otros en el pasado eximiera el comportamiento de quienes abanderan “la esperanza” de México. Tal parece que es lo mismo, pero no es igual.

Post Scriptum.- “La educación no sólo enriquece la cultura… Es la primera condición para la libertad, la democracia y el desarrollo sostenible”, Kofi Annan.

El autor es candidato a maestro en comunicación estratégica; docente universitario y consultor político. Contacto: www.facebook.com/fruiz29/ @fruiz_29 oteroymestas@gmail.com.


Es lo mismo, pero no es igual

Justo en este mes se cumplen diez años de la frase que pronunció el empresario Alejandro Martí: “si no pueden, renuncien”. Su declaración es muy vigente, y es que dirigir, coordinar o administrar un ente público no requiere de “todólogos”, sino de líderes con la sapiencia suficiente como para saber delegar. No se entienda esto último como la capacidad de deslindarse de sus responsabilidades sino del talento para coordinar y sumar esfuerzos de un equipo.

La profesionalización del servicio público va más allá de las promesas populistas o del hartazgo en el cual se sumen las demandas ciudadanas; para lograr una profesionalización real, es necesaria la incorporación de especialistas.

Quienes se oponen a la existencia de élites profesionales dentro de la agenda pública, bien podrían equipararse a aquel paciente con dolor de muela que acude a consulta con un mecánico. La profesionalización demanda a agentes capacitados; los improvisados, además de sobrar, obstaculizan el adecuado desempeño de las instituciones.

Si las futuras administraciones, a nivel federal, estatal y municipal me pidieran un consejo, les sugeriría integrar a administradores públicos certificados, así como ingenieros especializados en procesos; ello, con el propósito de obtener la máxima explotación de los recursos desde los financieros, materiales, tecnológicos y, particularmente, los humanos, pues soy un convencido de que no se deben suplir las deficiencias ni las ineficiencias; por el contrario, debe procurarse la sistematización de los procesos administrativos

–léase burocráticos–, y si no pueden, sé que muchas personas habrán de estar interesadas en ocupar esos espacios para lograr el correcto desempeño de las funciones gubernamentales. Todos somos necesarios; más nadie es indispensable. Por eso es oportuno, viable y altamente recomendable que las administraciones públicas pugnen por la estandarización. Implementar una especie de “ISO” contribuirá a evitar el cacicazgo y la baja calidad en el servicio que se ofrece a la ciudadanía.

La credibilidad pública debe sustentarse, primero, mediante la conducta de la persona y, segundo, a través de su desenvolvimiento profesional. Pregonar con el ejemplo, siempre que sea auténtico y ajeno a la simulación. Dentro de unas semanas, el próximo gobierno federal celebrará uno de sus foros para la pacificación del país en Baja California. Aplaudo el esfuerzo del nuevo gobierno, pero es claro que aún mantiene un marcado dejo de parcialidad en su actuar; aún no separan su responsabilidad oficial del tinte partidista. Sus acciones continúan teniendo una dedicatoria especial muy morena.

La situación es tal que pasamos de un país que se transformará a partir de diciembre a considerar que no se podrá lograr todo en seis años; de la demagogia al pragmatismo solo media un paso.

Quienes simpatizan con el próximo gobierno federal contraatacan las críticas con argumentos obtusos como si señalar los errores cometidos por otros en el pasado eximiera el comportamiento de quienes abanderan “la esperanza” de México. Tal parece que es lo mismo, pero no es igual.

Post Scriptum.- “La educación no sólo enriquece la cultura… Es la primera condición para la libertad, la democracia y el desarrollo sostenible”, Kofi Annan.

El autor es candidato a maestro en comunicación estratégica; docente universitario y consultor político. Contacto: www.facebook.com/fruiz29/ @fruiz_29 oteroymestas@gmail.com.


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