/ martes 12 de febrero de 2019

Leer entre líneas/El “amigo” Maduro

Francisco Ruiz

Durante el proceso electoral de 2006, el PAN y su entonces candidato, Felipe Calderón, emprendieron una campaña de desprestigio contra el actual presidente de México. Convirtieron las iniciales de AMLO en sinónimo de MALO, porque, bajo su juicio, era considerado como un “peligro para México”.

Entrevistado por Fernando del Monte, Calderón aseguró que el día de la elección comería un “pejelagarto” cocinado en un “calderón”. Luego, refrendó: “Haiga sido como haiga sido”. Su seguridad emanaba precisamente de la campaña negra antes descrita y en los buenos resultados que arrojó entre el electorado. La campaña logró su cometido: infundió temor entre los mexicanos a partir de una comparación que hizo con el difunto Hugo Chávez. López Obrador pudo refutar sin pudor ni recato cada mensaje de sus adversarios, pero no logró deslindarse de la imagen de Chávez. Por el contrario, el caos originado por el plantón en la avenida Reforma motivado por el propio López y la creación del “Gobierno Legítimo de México”, le sumó más incertidumbre y rechazo.

En la elección de 2012, no se requirió de tal estrategia, pues Enrique Peña Nieto era un perfil ganador per se y la estrategia electoral emprendida en su candidatura fue exitosa amén de la débil candidatura lanzada por el PAN y de los errores cometidos por el propio López en su segundo intento por lograr la presidencia. Sólo la desesperación del blanquiazul por no sepultarse en el tercer sitio de la competencia, le abonó al tabasqueño. El resto es historia muchas veces contada.

La tercera fue la vencida para Andrés Manuel. En diciembre pasado, rindió protesta y, como en los viejos tiempos, habló por casi 80 minutos. Tal vez en su interior rememoraba las extensas disertaciones de Fidel Castro, pero para quienes lo escuchamos solo nos remontamos al tiempo del antiguo régimen, ese al que tanto desdeña Obrador.

En su maratónico discurso, el nuevo jefe del ejecutivo federal saludó a las delegaciones internacionales. Le dio un trato preferencial a la hija del presidente Trump y no se detuvo allí; por el contrario, saludó al “amigo” Evo Morales y Nicolás Maduro. Lo “curioso” es que AMLO saludó a Maduro en ausencia, pues el avión del venezolano ni siquiera había aterrizado en México. Nicolás llegó directo al banquete en Palacio Nacional. Bien dicen que “a la gorra…”. En consecuencia, no había necesidad siquiera de mencionarlo.

El posicionamiento del gobierno de México ante la grave crisis que se suscita en Venezuela jurídicamente es el adecuado pues hace valer los principios plasmados en el artículo 89, fracción X, de la Constitución. Ese no es un dilema; incluso, me atrevería a asegurar que se trata de una oportunidad para adquirir mayor protagonismo en la agenda internacional abanderando la causa de la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, las consecuencias pueden llegar a ser catastróficas, pues lo más preocupante es el mensaje no verbal que transmite López Obrador. Si sumamos la campaña negra que lo equiparaba a Chávez, el saludo oficial a Maduro en su toma de protesta cuando ni siquiera se encontraba presente, abstenerse a firmar la Declaración del Grupo de Lima y el anuncio Ebrard sobre mantener comunicación abierta con el gobierno “electo” hacen interpretar a la comunidad internacional que México siente empatía con Maduro y no con el pueblo venezolano. Y, ¡ojo! Estados Unidos aun no ratifica el TMEC ni esta dispuesto a continuar con el TLCAN.

Más le convendría emular aquella frase con la cual respondiera Echeverría en los 70: “ni nos perjudica ni nos beneficia, sino todo lo contrario”. Por tanto, los ciudadanos debemos asumir la responsabilidad de prestar atención, no a lo que el presidente dice y no hace, sino a lo que omite y procura llevar a cabo. Por cierto, un saludo afectuoso a todos mis alumnos.

Post Scriptum. “Nosotros no le tememos a la competencia política; lo que si rechazamos es la incompetencia política”, Luis Donaldo Colosio.

* El autor es analista político, consultor, catedrático y escritor.

Correo: francisco.ruhe@gmail.com

Facebook: www.facebook.com/FRuizMX/


Francisco Ruiz

Durante el proceso electoral de 2006, el PAN y su entonces candidato, Felipe Calderón, emprendieron una campaña de desprestigio contra el actual presidente de México. Convirtieron las iniciales de AMLO en sinónimo de MALO, porque, bajo su juicio, era considerado como un “peligro para México”.

Entrevistado por Fernando del Monte, Calderón aseguró que el día de la elección comería un “pejelagarto” cocinado en un “calderón”. Luego, refrendó: “Haiga sido como haiga sido”. Su seguridad emanaba precisamente de la campaña negra antes descrita y en los buenos resultados que arrojó entre el electorado. La campaña logró su cometido: infundió temor entre los mexicanos a partir de una comparación que hizo con el difunto Hugo Chávez. López Obrador pudo refutar sin pudor ni recato cada mensaje de sus adversarios, pero no logró deslindarse de la imagen de Chávez. Por el contrario, el caos originado por el plantón en la avenida Reforma motivado por el propio López y la creación del “Gobierno Legítimo de México”, le sumó más incertidumbre y rechazo.

En la elección de 2012, no se requirió de tal estrategia, pues Enrique Peña Nieto era un perfil ganador per se y la estrategia electoral emprendida en su candidatura fue exitosa amén de la débil candidatura lanzada por el PAN y de los errores cometidos por el propio López en su segundo intento por lograr la presidencia. Sólo la desesperación del blanquiazul por no sepultarse en el tercer sitio de la competencia, le abonó al tabasqueño. El resto es historia muchas veces contada.

La tercera fue la vencida para Andrés Manuel. En diciembre pasado, rindió protesta y, como en los viejos tiempos, habló por casi 80 minutos. Tal vez en su interior rememoraba las extensas disertaciones de Fidel Castro, pero para quienes lo escuchamos solo nos remontamos al tiempo del antiguo régimen, ese al que tanto desdeña Obrador.

En su maratónico discurso, el nuevo jefe del ejecutivo federal saludó a las delegaciones internacionales. Le dio un trato preferencial a la hija del presidente Trump y no se detuvo allí; por el contrario, saludó al “amigo” Evo Morales y Nicolás Maduro. Lo “curioso” es que AMLO saludó a Maduro en ausencia, pues el avión del venezolano ni siquiera había aterrizado en México. Nicolás llegó directo al banquete en Palacio Nacional. Bien dicen que “a la gorra…”. En consecuencia, no había necesidad siquiera de mencionarlo.

El posicionamiento del gobierno de México ante la grave crisis que se suscita en Venezuela jurídicamente es el adecuado pues hace valer los principios plasmados en el artículo 89, fracción X, de la Constitución. Ese no es un dilema; incluso, me atrevería a asegurar que se trata de una oportunidad para adquirir mayor protagonismo en la agenda internacional abanderando la causa de la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, las consecuencias pueden llegar a ser catastróficas, pues lo más preocupante es el mensaje no verbal que transmite López Obrador. Si sumamos la campaña negra que lo equiparaba a Chávez, el saludo oficial a Maduro en su toma de protesta cuando ni siquiera se encontraba presente, abstenerse a firmar la Declaración del Grupo de Lima y el anuncio Ebrard sobre mantener comunicación abierta con el gobierno “electo” hacen interpretar a la comunidad internacional que México siente empatía con Maduro y no con el pueblo venezolano. Y, ¡ojo! Estados Unidos aun no ratifica el TMEC ni esta dispuesto a continuar con el TLCAN.

Más le convendría emular aquella frase con la cual respondiera Echeverría en los 70: “ni nos perjudica ni nos beneficia, sino todo lo contrario”. Por tanto, los ciudadanos debemos asumir la responsabilidad de prestar atención, no a lo que el presidente dice y no hace, sino a lo que omite y procura llevar a cabo. Por cierto, un saludo afectuoso a todos mis alumnos.

Post Scriptum. “Nosotros no le tememos a la competencia política; lo que si rechazamos es la incompetencia política”, Luis Donaldo Colosio.

* El autor es analista político, consultor, catedrático y escritor.

Correo: francisco.ruhe@gmail.com

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