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Democracia efectiva

  • Francisco Ruiz

Se adelantó el pan de muerto

 

La crisis interna por la que atraviesa el partido con registro más antiguo en nuestro país pareciera que día con día se acrecienta, irremediablemente. Como sabiamente aconsejan los ancianos, “nunca es bueno jactarse de la vasta moral”, pues a la postre puede traer perjudiciales resultados.

Y es que, desde el anuncio de la renuncia de la exprimera dama, Margarita Zavala de Calderón, la ola de rumores y acciones en contra del blanquiazul se ha desatado. Por lo cual, solo me resta sumarme a la turba y preguntar: ¿Anaya sonreirá de la misma forma espontánea y juvenil ante lo que se viene? ¿Calderón diseñará una estrategia de ataque desde la comodidad de su hogar con la peculiar boina verde con la que jugó a ser militar?

La primera pregunta es sencilla para quienes consideramos que el liderazgo es un arma de doble filo en el relevo generacional, ya que naces o te sepultas para siempre; por lo que era cuestión de tiempo para que el “angelical” dirigente panista se tropezara con su falsa humildad, su ambición sin principios y esa soberbia que lo evidencia cada que luce su rostro frente a los reflectores.

Con lo que respecta a Felipe, siempre existe la posibilidad de que prevalezca la influencia de un expresidente en la agenda nacional. Lo curioso es que de ningún político de la “vieja guardia” se tenga noticia alguna. Cuestión de egos, uno quiere ser presidente y el otro no se resigna a dejar de serlo.

Por otro lado -pero dentro del mismo tema-, durante la reciente entrevista que Carlos Loret de Mola le hiciera al candidato, ¡perdón!, Al dirigente Anaya, donde lució por demás desesperado, intentó “sacar la cabeza del agua” ante cada embate periodístico, sin éxito. Hasta el momento, sigue intentando jugar al bucito.

 

A lo largo de su intervención, Ricardo Anaya insistió en hacer uso de su desgastada; intentó convertir el diálogo en un monólogo, valiéndose para ello de periódicos y carteles doble carta, los cuales mostraban un contenido parcial y tendencioso. Al resto del interrogatorio respondió evasivo, notablemente ofuscado, sustentando su postura en teorías conspiracionistas, las cuales, además de carentes de seriedad, se alejaron del tema central en todo momento. Ricardo se limitó a levantar su dedo acusador contra Pepe Toño Meade e ignorar la ruptura por la cual atraviesa su partido, emanada de su autoritarismo, un padrón rasurado, el distanciamiento de su ideología y una actitud represiva hacia los divergentes.

 

P.S.- “Dividir para reinar”, Nicolás Maquiavelo.

 

* El autor es maestrando en comunicación política y consultor político. Contacto: @FranciscoRuHe  oteroymestas@gmail.com.