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Derecho de origen (segunda parte)

  • Ricardo Eguía

 

En concomitancia al tema de mi columna anterior, abundo sobre el relevante tema de la candidatura presidencial del PRI abordándolo con juicio objetivo, sin filias y sin fobias. Externo mi opinión modesta con honradez política y sin preocuparme de los pocos neopriistas que querrán saltarme a la yugular.

Con calma, sosiego, y diciendo verdades con respeto, cualquier opinión abierta ha de servir en estos temas álgidos donde el silencio y las evasivas son consideradas virtudes.

Ahora bien, en cualquier proyecto electoral con evaluación estandarizada y análisis lógico-racional cada partido antes de nominar a su candidato presidencial debe empezar descartando a aquellos que no conecten con el electorado y que sean vulnerables por la “larga cola” que les puedan pisar y lo cual les aleja del triunfo en las urnas; esa sería la premisa fundamental.

En esa tesitura, el ungido y próximo a ser “destapado” por el PRI sería el que más sume, el que más entusiasme y el que menos divida al partido.

Lo anterior, claro está, si, como dice J. Cercas, no existe propensión al olvido temerario de la tremenda crisis económica, el profundo desprestigio de las élites, de las instituciones, así como la inclinación al uso de la mentira en dosis masivas y a la superficialidad dogmática y prosaica. Si además prevalece la divergencia realista por sobre el continuismo rupturista con creencias como tendencias y donde ya no bastan cifras, ni los indicadores, ni las expectativas, mucho menos las estadísticas falseadas con las cuales no se ha podido liberar al país del añejo estigma dual de pobreza con desigualdad.

Por los tiempos encima, debo analizar en el corto plazo las cualidades, el perfil, los positivos y los negativos, así como los ángulos vulnerables de los cuatro precandidatos sobre los que más se habla, esto es, el Sr. Dr. José Narro Robles, el Sr. Lic. Miguel Ángel Osorio Chong, el Sr. Lic. Aurelio Nuño y el Sr. Lic. José A. Meade.

En mi anterior colaboración, empecé el desglose de algunos aspectos torales del pre-candidato Meade, y en este análisis debo concluir empezando por decir que es considerado “una auténtica anomalía histórica en el PRI” pues no solo carece de pertenencia y obvio de la militancia en ese instituto político, pero también por haber servido y tener abiertos nexos con el Partido Acción Nacional convirtiéndole potencialmente en un incómodo factor disgregante del priismo.

¡La construcción de mayorías intrapartidistas resulta compleja cuando se carece de identidad que implica lealtad y conseguir el poder un individuo en un grupo al que no pertenece supone alcanzar antes cierto tipo de legitimidad!

En ese escenario, difuso algunos priistas ya adelantan rechazo al suponer que de resultar electo llegarían al gabinete y/o tendrían peso específico sus excompañeros panistas Gil Zuarth, Lozano, Vega Casillas, su extutor Cordero (ex de la SHCP) y hasta La Magui y La Cocoa Calderón.

Entre las vulnerabilidades adicionales que los priistas encuentran en Meade, es no solo que carece de cercanía con las mayorías de las clases de trabajadores, de campesinos y de los millones jóvenes marginados, sino que además lo identifican con el “gasolinazo” destructor de la precaria economía familiar al haber disparado la inflación y encarecido en perjuicio de millones la “canasta básica”.

Otros priistas más sofisticados hablan del “peso muerto de la ambigüedad, de la ambivalencia y de la inviabilidad en abstracto inasumible por los electores potenciales más alertas e informados que rechazan más engaños económicos” enfatizando que, por malas políticas económicas, el crecimiento económico (PIB nacional) sigue siendo mediocre y de acuerdo al Coneval las cifras de pobreza son mayores a los millones que existían en el 2012.

Acusan a Meade de ser el artífice de la peor calamidad nacional: La colosal deuda pública desaparecida (nadie sabe donde quedó) no está invertida en nada positivo para el país, rebasa los diez billones 480 mil millones de pesos lo cual también preocupa a las Calificadoras Internacionales y que obligan a que México en el 2018 pague solo por intereses la enorme carga de 663 mil millones de pesos lo cual permea en el inercial, lánguido, repetitivo mediocre e inflado Presupuesto de Egresos 2018 multiplicador de las carencias, la marginalidad, destructivo de la inversión pública en infraestructura orientando al “gasto corriente inútil”, desdeña las obligaciones de atacar de fondo los problemas estructurales, mantiene el desequilibrio de las finanzas públicas que siguen petrolizadas a pesar de la Reforma petrolera privatizadora y reestructura de nuevo y/o solo administra la pobreza secular haciendo imposible lograr ninguno de los objetivos de desarrollo sustentable (ODS) de la ONU.

Ahora bien, en una tertulia donde coincidimos con empresarios y sus esposas, inopinadamente, y con esa claridad de las norteñas dos damas muy respetables me espetaron: ¿qué el PRI no tiene candidatos propios, capaces y con posibilidad de ganar? ¿qué tienen que pedir prestado al PAN uno de los de ellos y el peor?.

 

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