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Política… Bajo El Sol

  • Enrique Sánchez Díaz

 

La captura hace días de JAVIER DUARTE, exgobernador de Veracruz, sigue acaparando muchos espacios en los diarios capitalinos, en radio y en televisión, como si se tratara de la historia más notable del siglo, incluso ha alcanzado tanta o más popularidad que la cacería que se desató con JOAQUÍN “El Chapo” GUZMÁN LOERA, cuando se fugó espectacularmente de El Altiplano. El morbo de la gente es atraído por saber los detalles, tanto de su confinamiento en una cárcel militar de Guatemala, así como tratar de enterarse de cuáles serán sus declaraciones para defenderse de la gran cantidad de acusaciones de desvíos de recursos, porque si bien hace años estuvo en la cúspide del poder político en el país, hasta hace poco era el hombre más buscado, acusado de lavado de dinero y delincuencia organizada. De su esposa KARIMA MACÍAS TUBILLA, poco se ha relatado, salvo que ella no fue detenida porque no está acusada de ningún delito. Incluso hay quienes han calificado que DUARTE, antes de ser detenido en un hotel de Panajachel, en Guatemala, donde se escondía en calidad de turista, hizo un arreglo para que su esposa no fuera detenida, pues ni siquiera se da cuenta de si estaba con el exmandatario a la hora que llegaron los agentes de la policía y la Interpool. El detenido tampoco estaba armado, ni hubo resistencia durante la captura, seis meses después de que huyó, a bordo de un helicóptero, de Veracruz el 12 de octubre del año pasado. Con menos presión, pero también con un gran alboroto, se ha publicado días antes la captura de TOMÁS YARRINGTON, exgobernador de Tamaulipas, con acusaciones más severas, no solo de corrupción y desvío de recursos, sino de estar ligado con los grupos del crimen organizado del Golfo. El personaje que tenía también casi cinco años prófugo, fue arrestado en Italia, donde también está en prisión, en espera de ser extraditado a México o a Estados Unidos, ya que las autoridades de justicia de ese país también lo reclaman para someterlo a proceso.

El caso es que ambos personajes de la política mexicana tal parece que pagarán las fechorías que cometieron aprovechándose del poder y la impunidad en sus respectivos Estados. Ambos, como muchos otros gobernadores y políticos que se han visto involucrados en saqueos del erario público y otros delitos muy graves en perjuicio de la sociedad, parecen ser el síntoma de los inestables tiempos. Son el tema de una trama que exhibe los abusos del poder, que han estallado en una protesta social que está tomando dimensiones impresionantes y que está exigiendo justicia. Pero más que nada, gritan a los cuatro vientos que se acabe de una vez por todas esa cínica carrera que han impuesto muchos políticos, de todos los partidos, para servirse con la cuchara grande desde los puestos públicos, sin importarles el destino de una sociedad que inmersa en una crisis económica que ha visto incrementados los niveles de pobreza y hambruna en muchos núcleos de la población. El reclamo es muy grande y bastante fuerte, la gente quiere que el gobierno demuestre definitivamente que va a empezar una era de cambio y que se hará justicia donde la flagrancia y la podredumbre se enseñoreó para que estos personajes se convirtieran en semidioses del pueblo y con una riqueza que raya en lo abominable. Nadie quiere regresar al episodio político, dizque de justicia, que se siguió con HUMBERTO MOREIRA, exgobernador de Coahuila; también acusado enriquecerse de los recursos públicos, de blanqueo de dinero y organización criminal, quien fue detenido en enero del 2016 en Barajas, España, donde estuvo en prisión, pero quien extrañamente después de ser extraditado a México, al poco tiempo alcanzó su libertad.

Sinceramente, el país ya no está para que sigan ascendiendo al poder los políticos que van a gobernar con la intención de salir de la pobreza para convertirse en parte de esa nueva clase de nuevos ricos que tienen fortunas depositadas en bancos extranjeros o en paraísos fiscales, así como para comprar residencias, condominios, ranchos o propiedades en otros países para vivir como faraones con los recursos ilícitos que se allegan por sus nexos con grupos criminales o bien de lo que extraen de las arcas públicas. Ha llegado la hora en México de que se ponga un alto a las fechorías que cometen infinidad de políticos, que se autocubren unos a otros porque en este fango de corrupción, vicio, crimen y lujuria, casi todos están metidos y coludidos.

La política debe cambiar para bien, y para ello urge una transformación de los partidos políticos porque estos se encuentran secuestrados por grupos de hampones sin escrúpulos que solo están preocupados por no perder el poder o conservarse en los cargos públicos, donde acostumbran a repartirse todo lo que pueden, solapados por un sistema de justicia que favorece a los que la pueden comprar.