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¿Ya no hay políticos?

  • Ricardo Eguía

Todo gobierno necesita límites para evitar la tiranía de las minorías que detentan y abusan del poder. Nada de que supuestamente representan al pueblo o a la nación… son solo individuos que por vías disímbolas llegan al poder y dicen hablar en nombre del pueblo, cuando la más de las veces son los que lo atropellan, lo ignoran y le roban.

Ha sido desastroso no poner límites al poder público. No hacerlo resultó en jacobinismos, leninismos, fascismos, capitalismos depredadores y populismos de izquierda, y de la derecha devastadora que privatiza los servicios públicos para repartírselos delincuencialmente entre los grupos de poder.

Siempre será mejor que el poder esté legalmente separado y limitado para, de una vez y para siempre, se eviten los crecientes excesos, injusticias y abusos.

Y es que el Estado de derecho y la democracia con respeto a la Constitución no son plantas que crezcan de manera espontánea.

Al revés, es “antinatural”, pues la división de poderes está pensada para reprimir la innata tendencia humana a imponer por la fuerza la voluntad de pocos sobre la voluntad de las mayorías como es el caso de la presión brutal del ejercito sobre el legislativo para militarizar anticonstitucionalmente al país de manera perpetua e imponerle al país un permanente “estado de sitio” con una regresiva y represora Ley de Seguridad interior autoritaria, dictatorial por violatoria de, entre otros, los artículos 21, 29 y 129 constitucionales, y, al propio tiempo, seguir eludiendo, posponiendo tramposamente la obligación del gobierno de capacitar y fortalecer a las policías civiles, los MPs, los peritos y la cadena de preservación de las pruebas para lo cual las fuerzas armadas no están capacitadas, y, con ello, se dejará en el “bote de la basura neoliberal” el nuevo sistema de justicia penal que privilegiaba el “derecho al debido proceso”, mismo que las fuerzas castrenses no están preparadas ni tienen la formación para protegerlo.

El legislativo que mayoritea, forzando a abstenerse o ausentarse, no legisla en nombre de la población mayoritaria; lo hace solo en favor de los intereses cupulares y de la oligarquía. La separación de poderes en el México actual vuelve a ser mera y burda entelequia semejante a cualquier país bananero. Hay que aprender de nuevo el respeto a esa separación entre poderes, y ello no es con sumisión vergonzante, como ahora sucede en el legislativo, ni burdas justificaciones teóricas “a posteriori”, sino en la aún lejana práctica diaria.

Con esa amorfa ley de “seguridad interior” regresiva y represora, sin metas ni objetivos precisos, tampoco fórmulas claras de evaluar y corregir los excesos de las Fuerzas castrenses, el poder civil claudica ante el poder militar y, en perjuicio de la población honesta e inerme, al permitirle al ejecutivo instaurar a discreción el “estado de sitio” y con cualquier pretexto.

Por otra parte y como priista “inventariado”, por convicción, nunca por conveniencia ni oportunismo logrero, me rehúso a aceptar sin chistar la imposición en el PRI de un no priista y, para peor, de un candidato ligado al más pernicioso panismo, el que representa Calderón y sus secuaces (Lozano, Gil Zuarth, Cordero, La Magui y La Cocoa).

Estoy cierto que la libertad del disenso razonado más temprano que tarde podrá producir consensos.

El análisis de la vida partidista congruente es un imperativo que trasciende los intereses facciosos y obvio el interés propio, aun así debo admitir que seré objeto de estigma de palafreneros y de testaferros de la cargada que responderá presurosa al gemido del Dr. Meade que sintiéndose un extraño al PRI exclamó: “Háganme suyo”.

Por identidad, por congruencia y por convicción priista desde siempre, y sin las dudas que asaltan a los “chambistas”, fijo mi modesta posición ante la imposición de un no priista como candidato presidencial.

Algunos pensarán que debería no solo desdecirme de lo que con antelación he escrito sobre el ahora candidato ni siquiera simpatizante, mucho menos militante antes de su postulación; otros más me dirán de buena fe que debería plegarme en automático cuando como dice bien Lipovetski: “no se puede exigir solidaridad emocional intempestiva y a la carta”.

Aquí procede que los priistas por convicción, insisto, nos preguntemos ¿no tiene el PRI políticos con prestigio, capacidad y aceptación de toda la militancia, y se tuvo que “pedir prestado” a un extraño, a un ajeno y afín al calderonato agraviándose a las bases priistas campesinas, de los trabajadores, de las clases medias depauperadas por la mala economía, la devaluación, la inflación y el aumento de millones de pobres y de una población lastimada profundamente por el artero gasolinazo, la colosal deuda pública, los presupuestos inflados y luego recortados perjudicando los servicios de la salud, la educación, de Pemex, así como por la falta de inversión en infraestructura productiva que desembocó en un estancamiento económico?

A Meade nadie le niega formación financiera y experiencia en la administración pública; de hecho, toda su vida ha estado detrás de los escritorios recibiendo órdenes, pero pocos podrían negar grandes vulnerabilidades, como la de ser un tecnócrata puro y duro, sin experiencia política, nunca un puesto de elección popular y, por ende, alejado de la población mayoritaria que lo ubica como “su enemigo” por el “gasolinazo” y, sobre todo, por la enorme deuda pública que hereda al país, misma que aumentó de 34% a 50% del PIB entre 2012 y 2017, que le costó al país que las calificadoras bajaran su valoración de la deuda soberana de “estable a negativa”, y, además, en el 2018, la enorme carga al país para pagar 663 mil millones de pesos solo, por los intereses, de esa enorme deuda y esfumada, nunca invertida, en nada tangible ni de beneficio alguno para este país.

Meade no reúne los atributos ni la experiencia para la competencia electoral a ras de tierra. Aislado del pueblo, le falta roce popular. Son aguas desconocidas para él ya que no se puede forjar a un priista popular de un día para otro ni hacer de un tecnócrata aliado de la oligarquía un político comprometido con las mejores causas y legítimas exigencias del pueblo mexicano.

Fea manera de “patear” a los precandidatos que durante años construyeron un proyecto y un prestigio con esfuerzo y lealtad al PRI.

 

eguia.associates@gmail.com