/ miércoles 24 de marzo de 2021

Kenia Enríquez, y su golpe a los estigmas

“Siento que soy la cara de esas mujeres que sí pueden, aunque tengan miedo”, expresó la campeona tijuanense 

Los golpes de la vida y sobre el ring suelen asemejarse; por cada uno recibido, la fortaleza interior sale a combatir y la resiliencia se vuelve parte de ti. Así ha vivido Kenia Enríquez el boxeo, que en expresión propia, le ha dado todo.

La pugilista tijuanense (23,1: 9 KO) se ha forjado con base en el sacrificio y la disciplina, pilares fundamentales que la llevaron a la cima de su profesión: conquistar dos campeonatos del mundo en los pesos Mosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y Minimosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

TRANSICIÓN Y EVOLUCIÓN

“Empezó muy difícil, porque yo jamás quise el boxeo como profesión, de hecho fue como un castigo para mí, porque mi papá quería que me disciplinara, que dejara de tener problemas en la escuela, y entonces me lleva al gimnasio, a los 10 días peleo y pierdo, entonces ahí empieza mi espíritu competitivo de querer ganar”, platicó para El Sol de Tijuana.

La transición hacia la adolescencia fue una etapa en la que Kenia tuvo que aprender a combinarla con el boxeo. Las tardeadas y el salir con amigos no formaron parte de su desarrollo social, pero sabe que valió la pena porque ahora vive su propia fiesta.

“Me quejaba, pero ahora que tengo 27 años, solo pienso en una cosa: ahora todos van a mi fiesta, a mi baile, me van a ver a mí. El escenario es mío y las luces me pegan a mí. Y a la que le levantan la mano y le ponen el cinto es a mí”, expresó la número dos del mundo.

Siete peleas de título mundial, de las cuales ha salido exitosa en seis, avalan su “pegada” en la evolución como persona y boxeadora profesional. El sacrificio de su familia y el personal han dado frutos. “Y dices: ese camino estuvo bien doloroso, bien difícil, pero me adapté, lo transformé y encendí ese fuego en mí y logré convertirlo en algo extraordinario”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

FUERA OBSTÁCULOS

El boxeo es una de las disciplinas en la que la incursión de la mujer ha tenido su propia batalla sobre el cuadrilátero. La discriminación y los estigmas llevaron a puglistas a pelear en condiciones inhumanas, y que a la fecha, situaciones similares siguen exhibiéndose.

Fue hasta principios de la década pasada cuando comenzó a sonar fuerte la campana del boxeo femenil en nuestro país. Jackie Nava y Ana María Torres hicieron voltear los reflectores y a partir de ahí, inició un legado de mujeres que han demostrado que no existe el “sexo débil”, menos en este deporte.

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Kenia Enríquez forma parte de ese legado y asimismo busca dejar el suyo. Su natal Tijuana y el boxeo la han formado, por ello quiere regresar lo recibido y en esa labor ya sembró su semilla: el fomento e impulso a niñas y jóvenes dentro del pugilismo a través de su torneo anual en la misma ciudad.

“El boxeo me dio esos valores y principios que no pensé que iba a tener, como es la disciplina y la resiliencia, porque esto es te genera tantos obstáculos por estar ahí arriba del ring, pero por estar arriba del ring los resuelves. Es la persistencia, porque por más que te digan que no puedes ahí estás”, manifestó.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

PODER DE MUJER

Como en muchas otras profesiones y situaciones sociales, la boxeadora tijuanense afrontó desde el inicio las limitantes impuestas por ser mujer, sobre todo en un deporte que históricamente ha sido desarrollado por hombres. Desde el amateurismo tuvo que sortear.

“Cuando comencé, todo mundo me dijo que yo no iba a ser campeona del mundo porque era malísima (...) Y ahora, soy un puente para que otras mujeres digan: ‘si ella puede, ¿por qué yo no?’ Eso yo hago, veo a mujeres exitosas y digo: yo puedo ser como ellas. Y soy esa cara que dice: ‘sí se puede ¡y tú también puedes!”, alentó.

El “pegas como niña” es más un halago que una ofensa. Los “puños rosas” tienen poder. “Como mujer te sientes poderosísima, cuántas veces no oyes ‘el sexo débil, o una mujer no puede o hasta aquí vas a llegar’, y tú rompes todos esos estigmas, te quitas todos los límites y estás derribando todos esos obstáculos.

“(El boxeo) me ha dado mucha fuerza y mucho poder, y me ha hecho entender que soy un ejemplo de vida para todas esas mujeres que tienen miedo, porque yo también empecé esto con miedo; siempre hay que hacerlo así, con miedo, pero hacerlo”, sentenció Kenia.

Se complementa con el pugilismo. “Siento que las mujeres tenemos esa fuerza extra de poder hacer muchas cosas, de diversificarnos, de multiplicarnos, de hacer multitareas y una podría ser: levantarte a ti misma. Para mí, el boxeo me dio todo y me lo sigue dando”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

DE VUELTA A LAS RAÍCES

La pandemia llevó de vuelta a Kenia a donde comenzó: con su padre. Antes del Covid-19 se encontraba entrenando en el gimnasio de Mario Mendoza, ahora manoplea en el de don Víctor Godoy, en El Mirador, lugar que ha sido su refugio desde sus 14 años de edad.

“Toda mi familia me acompaña, mi papá se hizo nuestro entrenador, Sandra Robles es la actual pareja de mi papá y es peleadora profesional, la número ocho del mundo; mi hermanito va a cumplir 15 años y ya lleva siete peleas amateur, mi hermana más pequeña tiene 9 años y ya nos acompaña en el gimnasio a aprender de este deporte”, dijo orgullosa.

Aseguró que tanto ella y su familia no solo trabajan bajo el mismo techo, también bajo el mismo objetivo y siempre en busca de mejorar, por lo que expresó sentirse afortunada y bendecida. Aunque, apuntó, entrenar con su papá es una “carrilla”.

“Es difícil estar arriba de un ring con él en un gimnasio y difícil escucharlo y obedecerlo, porque como él lo dice, no es ninguna Madre Teresa de Calcuta para tratarte con amor, aquí vienes a un gimnasio, aquí aprendes una disciplina y a saber defenderte para cuando estés peleando allá arriba no te preguntes: ¿Qué hago?”, señaló.

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El estilo de su papá es el que ahora está dominando, reiteró, y perfeccionando detalles técnicos que antes no veía, “me he ido con la manopla pintada, dos o tres rozones. Nunca perdonar esos pequeños detalles, porque arriba del ring nadie te los perdona”.

La tijuanense aceptó que volvió a “la mala vida de los golpes”, la base de su ahora entrenador, el trabajo duro. “Sabemos que esto es lo que me hizo llegar a la cima, este fue mi comienzo, este vuelve a ser parte de mi camino y hay que aceptarlo como lo acepté al principio”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

Desde luego, Kenia Enríquez va por más. Sigue con hambre de peleas y sed de victorias, se siente en forma y plenitud, por lo que adelantó que en los próximos meses buscará regresar al ring y ponerse la corona.

“Si antes era un monstruo y la más temida de la división, ahora voy a ser la reina indudable de esa división y la voy a reinar por mucho tiempo. Tengo 27 años y me siento bien segura de mis facultades”, concluyó.

Los golpes de la vida y sobre el ring suelen asemejarse; por cada uno recibido, la fortaleza interior sale a combatir y la resiliencia se vuelve parte de ti. Así ha vivido Kenia Enríquez el boxeo, que en expresión propia, le ha dado todo.

La pugilista tijuanense (23,1: 9 KO) se ha forjado con base en el sacrificio y la disciplina, pilares fundamentales que la llevaron a la cima de su profesión: conquistar dos campeonatos del mundo en los pesos Mosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y Minimosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

TRANSICIÓN Y EVOLUCIÓN

“Empezó muy difícil, porque yo jamás quise el boxeo como profesión, de hecho fue como un castigo para mí, porque mi papá quería que me disciplinara, que dejara de tener problemas en la escuela, y entonces me lleva al gimnasio, a los 10 días peleo y pierdo, entonces ahí empieza mi espíritu competitivo de querer ganar”, platicó para El Sol de Tijuana.

La transición hacia la adolescencia fue una etapa en la que Kenia tuvo que aprender a combinarla con el boxeo. Las tardeadas y el salir con amigos no formaron parte de su desarrollo social, pero sabe que valió la pena porque ahora vive su propia fiesta.

“Me quejaba, pero ahora que tengo 27 años, solo pienso en una cosa: ahora todos van a mi fiesta, a mi baile, me van a ver a mí. El escenario es mío y las luces me pegan a mí. Y a la que le levantan la mano y le ponen el cinto es a mí”, expresó la número dos del mundo.

Siete peleas de título mundial, de las cuales ha salido exitosa en seis, avalan su “pegada” en la evolución como persona y boxeadora profesional. El sacrificio de su familia y el personal han dado frutos. “Y dices: ese camino estuvo bien doloroso, bien difícil, pero me adapté, lo transformé y encendí ese fuego en mí y logré convertirlo en algo extraordinario”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

FUERA OBSTÁCULOS

El boxeo es una de las disciplinas en la que la incursión de la mujer ha tenido su propia batalla sobre el cuadrilátero. La discriminación y los estigmas llevaron a puglistas a pelear en condiciones inhumanas, y que a la fecha, situaciones similares siguen exhibiéndose.

Fue hasta principios de la década pasada cuando comenzó a sonar fuerte la campana del boxeo femenil en nuestro país. Jackie Nava y Ana María Torres hicieron voltear los reflectores y a partir de ahí, inició un legado de mujeres que han demostrado que no existe el “sexo débil”, menos en este deporte.

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Kenia Enríquez forma parte de ese legado y asimismo busca dejar el suyo. Su natal Tijuana y el boxeo la han formado, por ello quiere regresar lo recibido y en esa labor ya sembró su semilla: el fomento e impulso a niñas y jóvenes dentro del pugilismo a través de su torneo anual en la misma ciudad.

“El boxeo me dio esos valores y principios que no pensé que iba a tener, como es la disciplina y la resiliencia, porque esto es te genera tantos obstáculos por estar ahí arriba del ring, pero por estar arriba del ring los resuelves. Es la persistencia, porque por más que te digan que no puedes ahí estás”, manifestó.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

PODER DE MUJER

Como en muchas otras profesiones y situaciones sociales, la boxeadora tijuanense afrontó desde el inicio las limitantes impuestas por ser mujer, sobre todo en un deporte que históricamente ha sido desarrollado por hombres. Desde el amateurismo tuvo que sortear.

“Cuando comencé, todo mundo me dijo que yo no iba a ser campeona del mundo porque era malísima (...) Y ahora, soy un puente para que otras mujeres digan: ‘si ella puede, ¿por qué yo no?’ Eso yo hago, veo a mujeres exitosas y digo: yo puedo ser como ellas. Y soy esa cara que dice: ‘sí se puede ¡y tú también puedes!”, alentó.

El “pegas como niña” es más un halago que una ofensa. Los “puños rosas” tienen poder. “Como mujer te sientes poderosísima, cuántas veces no oyes ‘el sexo débil, o una mujer no puede o hasta aquí vas a llegar’, y tú rompes todos esos estigmas, te quitas todos los límites y estás derribando todos esos obstáculos.

“(El boxeo) me ha dado mucha fuerza y mucho poder, y me ha hecho entender que soy un ejemplo de vida para todas esas mujeres que tienen miedo, porque yo también empecé esto con miedo; siempre hay que hacerlo así, con miedo, pero hacerlo”, sentenció Kenia.

Se complementa con el pugilismo. “Siento que las mujeres tenemos esa fuerza extra de poder hacer muchas cosas, de diversificarnos, de multiplicarnos, de hacer multitareas y una podría ser: levantarte a ti misma. Para mí, el boxeo me dio todo y me lo sigue dando”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

DE VUELTA A LAS RAÍCES

La pandemia llevó de vuelta a Kenia a donde comenzó: con su padre. Antes del Covid-19 se encontraba entrenando en el gimnasio de Mario Mendoza, ahora manoplea en el de don Víctor Godoy, en El Mirador, lugar que ha sido su refugio desde sus 14 años de edad.

“Toda mi familia me acompaña, mi papá se hizo nuestro entrenador, Sandra Robles es la actual pareja de mi papá y es peleadora profesional, la número ocho del mundo; mi hermanito va a cumplir 15 años y ya lleva siete peleas amateur, mi hermana más pequeña tiene 9 años y ya nos acompaña en el gimnasio a aprender de este deporte”, dijo orgullosa.

Aseguró que tanto ella y su familia no solo trabajan bajo el mismo techo, también bajo el mismo objetivo y siempre en busca de mejorar, por lo que expresó sentirse afortunada y bendecida. Aunque, apuntó, entrenar con su papá es una “carrilla”.

“Es difícil estar arriba de un ring con él en un gimnasio y difícil escucharlo y obedecerlo, porque como él lo dice, no es ninguna Madre Teresa de Calcuta para tratarte con amor, aquí vienes a un gimnasio, aquí aprendes una disciplina y a saber defenderte para cuando estés peleando allá arriba no te preguntes: ¿Qué hago?”, señaló.

¿BUSCAS O VENDES ALGO? ¡ANÚNCIALO EN CLASIFICADOS!

El estilo de su papá es el que ahora está dominando, reiteró, y perfeccionando detalles técnicos que antes no veía, “me he ido con la manopla pintada, dos o tres rozones. Nunca perdonar esos pequeños detalles, porque arriba del ring nadie te los perdona”.

La tijuanense aceptó que volvió a “la mala vida de los golpes”, la base de su ahora entrenador, el trabajo duro. “Sabemos que esto es lo que me hizo llegar a la cima, este fue mi comienzo, este vuelve a ser parte de mi camino y hay que aceptarlo como lo acepté al principio”.

Priscila Chávez Flores | El Sol de Tijuana

Desde luego, Kenia Enríquez va por más. Sigue con hambre de peleas y sed de victorias, se siente en forma y plenitud, por lo que adelantó que en los próximos meses buscará regresar al ring y ponerse la corona.

“Si antes era un monstruo y la más temida de la división, ahora voy a ser la reina indudable de esa división y la voy a reinar por mucho tiempo. Tengo 27 años y me siento bien segura de mis facultades”, concluyó.

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