/ domingo 12 de julio de 2020

El burro-cebra, un ícono que no quiere ser olvidado

La pandemia del Covid-19 ha perjudicado al turismo, entre los afectados están los propietarios de burro-cebra

Al pensar en los burro-cebra llega de inmediato la imagen de turistas con lentes oscuros y sombreros arriba de una carreta liderada por el pequeño equino blanco que viste a rayas negras artificiales.

Esa estampa que no se ha visto en los últimos meses a causa de la pandemia por no ser una actividad esencial, parecía ya menos común desde antes de la crisis de salud que originó el Covid-19.

Eso ha complicado este trabajo que no solo trata de turistas, sino de familias que llevan poco más de 100 años fotografiando a quienes buscan llevarse un recuerdo de Tijuana.

EL DESEMPLEO ANTE LA PANDEMIA

La falta de actividad durante la pandemia orilló a los propietarios de burro-cebra a emplearse en lo que han podido porque no solo hay que sostener a la familia, sino también la alimentación del burro y la renta del espacio donde lo mantienen con la carreta.

Son unos dos mil pesos por mes, según platicó Alejandro Sandoval, presidente del gremio de los burro-cebra de la avenida Revolución.

"La pandemia, el cierre de la frontera, nos puso en una situación muy difícil. Algunos se fueron a trabajar en restaurantes que ya abrieron haciendo entregas a domicilio. Otros en la avenida Revolución viendo qué se le ofrece a alguno de los locales para poder sobrellevar el día. Están de lo que caiga", comentó.

"Eso sí, al burro no le falta comida, ni agua: él viene siendo el jefe de nosotros. Sin el burro, ¿cómo trabajamos?", añadió Sandoval, quien forma parte de los 15 propietarios que hay de burro-cebra.

Algunos turistas prefieren tomar una foto con su celular y darles una propina. Archivo | OEM

De ellos, nueve esperan retornar a la avenida Revolución y el resto no sale por falta de dinero para comprar la carreta o el burro.

Pero la pandemia solo terminó de agudizar una problemática que viene de tiempo atrás, continuó Sandoval, porque la facilidad de tomar fotografías con los teléfonos celulares tuvo un papel determinante.

"La llegada de la tecnología nos afectó mucho porque muchas personas no quieren la fotografía, solamente quieren tomar con su celular y dar un ‘tip’, una propina. No lo ven como un trabajo, lo miran como alguien que está en la calle y nos dan 10 pesos o un dólar. Mucho antes que estuviera la tecnología estaba mucho mejor, todos querían fotografía", precisó.

El costo promedio por tomarse un retrato de 6x8 en el burro-cebra es de 10 dólares (alrededor de 200 pesos), sin embargo, han tenido que adaptar otras tarifas cuando se realiza la toma con un dispositivo móvil, cobrando de uno a cinco dólares, dependiendo el tamaño del grupo.

UN OFICIO Y UN ANIMAL QUE SE NIEGAN A LA EXTINCIÓN

Los primeros registros de una fotografía con un burro-cebra datan de 1914, sin que esa fecha haya significado el surgimiento del que se convertiría en un ícono de la ciudad, refirió Josué Beltrán Cortez, coordinador del Archivo Histórico de Tijuana, quien menciona que en el crecimiento de la ciudad este atractivo turístico jugó un rol importante.

"La clase media dio nacimiento al turismo, quien ávida de salir, pasearse, ir a divertirse, ir a conocer, necesitaban llevar a su regreso a casa una evidencia del lugar donde estuvieron, una evidencia del encuentro con lo exótico, con lo distinto. Y la fotografía lo facilitó", explicó.

Surgieron protestas de grupos en favor de los derechos de los animales. Archivo | OEM

Los turistas extranjeros esperaban encontrar en Tijuana un México tradicional como el del centro o sur del país, así que los comerciantes construyeron la imagen del burro-cebra, acompañado de un sombrero de palma y un sarape para imitar el estereotipo de mexicano, narró el historiador.

"Por la tecnología de la época de principios de siglo XX y por la pigmentación del color de los burros, no salían en la fotografía... Los fotógrafos ambulantes y de estudio hicieron mil experimentos como sustituir al burro por cabras, borregos cimarrones, hasta que alguien se le ocurrió pintarlo con líneas negras y blancas. Le gustó a los turistas y nació el burro-cebra", agregó el historiador.

Durante décadas la popularidad turística de Tijuana creció al igual que el burro-cebra, al grado que en los años 60 y 70 se les encontraba las 24 horas del día sobre la avenida Revolución, según lo investigado por Beltrán Cortez.

"Cada permisionario estaba turnos de ocho horas con tres burros distintos en cada una de las esquinas de la avenida primera hasta la avenida novena", subraya.

Ese escenario donde había mucho trabajo cambió de manera drástica a partir de la caída de las ‘torres gemelas’ en Nueva York, y ya no había decenas de burros, sino apenas unos cuantos acomodados no más allá de la calle Sexta.

Pero la reducción de turistas no fue el único reto que tuvieron que librar los dueños de los burro-cebra. También surgieron las protestas de grupos en favor de los derechos de los animales que ocasionaron dudas e incluso rechazo a esa actividad en algunos sectores de la sociedad.

Lo anterior ha llevado a los "burreros" a aclarar el supuesto maltrato animal y al mismo tiempo a dignificar su oficio, porque no quieran que se extinga.

Con esa idea y buscando promover la “tijuaneidad”, el presidente de Unidos Asociación Civil, Roberto Langos, intentó su conservación.

"En el 2013, después de un estudio fenomenológico por académicos se dictaminó que el oficio de los burro-cebra estaba en vías de extinción. En ese momento buscamos que fuera patrimonio cultural de Baja California", dijo.

Pese al esfuerzo, no fue posible que se publicará en el Periódico Oficial de Baja California, agregó.

"La misma firma de abogados ambientalistas que empezaron a manejar la defensa para derogar el patrimonio de los toros, también lo hicieron con el burro-cebra, argumentando la explotación animal", recordó.

Sin embargo el líder de los burro-cebra aseguró que si bien han existido diferentes voces en contra de los "burreros", la realidad es otra.

"Nos gustaría que hubiera buenas noticias sobre nosotros. Que cuidamos y alimentamos bien al burro y que hubiera más publicidad sobre nosotros, que nos apoyaran más es en eso, para que regresaran más personas a retratarse con nosotros", destacó Alejandro Sandoval.

La calidad de vida de los burro-cebra fue avalada por los médicos veterinarios del Instituto de Investigaciones en Ciencias Veterinarias de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) campus Mexicali, quienes son los expertos a nivel nacional en equinos, de acuerdo a lo dicho por Langos.

"Cuando los auditan nos dicen: a nivel nacional los burritos viven de cinco a diez años máximo, y aquí tengo evidencias de burros que viven la vida normal de un equino, que puede ser de 25 a 30 años", afirmó.

"No hay lastimaduras o marcas de abuso, comen bien. Pueden estar mejor, sin embargo estos burros de la avenida Revolución están mejor que muchos animales que nosotros conocemos", apuntó el representante de Unidos A.C. sobre lo dicho por los veterinarios.

Los propietarios de burro-cebras esperan que el semáforo cambie a verde. Archivo | OEM

Por último, el presidente del Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana (Cotuco), Gilberto Leyva Camacho, dijo que una vez que regresaron a sus actividades los restaurantes, tal vez sea tiempo que retorne el burro-cebra y con ello un ícono de esta ciudad.

"Sería cuestión de echar una platicada con el alcalde para que se reactive esa actividad que es tan importante para el tema turístico. Yo no le veo ningún problema porque se juntan una o dos personas con los burrito-cebra", expresó.

Por el momento, los "burreros" esperan que el semáforo de contagios de Covid-19 cambié a verde para continuar fotografiando a los que llegan a la llamada esquina de Latinoamérica.

Al pensar en los burro-cebra llega de inmediato la imagen de turistas con lentes oscuros y sombreros arriba de una carreta liderada por el pequeño equino blanco que viste a rayas negras artificiales.

Esa estampa que no se ha visto en los últimos meses a causa de la pandemia por no ser una actividad esencial, parecía ya menos común desde antes de la crisis de salud que originó el Covid-19.

Eso ha complicado este trabajo que no solo trata de turistas, sino de familias que llevan poco más de 100 años fotografiando a quienes buscan llevarse un recuerdo de Tijuana.

EL DESEMPLEO ANTE LA PANDEMIA

La falta de actividad durante la pandemia orilló a los propietarios de burro-cebra a emplearse en lo que han podido porque no solo hay que sostener a la familia, sino también la alimentación del burro y la renta del espacio donde lo mantienen con la carreta.

Son unos dos mil pesos por mes, según platicó Alejandro Sandoval, presidente del gremio de los burro-cebra de la avenida Revolución.

"La pandemia, el cierre de la frontera, nos puso en una situación muy difícil. Algunos se fueron a trabajar en restaurantes que ya abrieron haciendo entregas a domicilio. Otros en la avenida Revolución viendo qué se le ofrece a alguno de los locales para poder sobrellevar el día. Están de lo que caiga", comentó.

"Eso sí, al burro no le falta comida, ni agua: él viene siendo el jefe de nosotros. Sin el burro, ¿cómo trabajamos?", añadió Sandoval, quien forma parte de los 15 propietarios que hay de burro-cebra.

Algunos turistas prefieren tomar una foto con su celular y darles una propina. Archivo | OEM

De ellos, nueve esperan retornar a la avenida Revolución y el resto no sale por falta de dinero para comprar la carreta o el burro.

Pero la pandemia solo terminó de agudizar una problemática que viene de tiempo atrás, continuó Sandoval, porque la facilidad de tomar fotografías con los teléfonos celulares tuvo un papel determinante.

"La llegada de la tecnología nos afectó mucho porque muchas personas no quieren la fotografía, solamente quieren tomar con su celular y dar un ‘tip’, una propina. No lo ven como un trabajo, lo miran como alguien que está en la calle y nos dan 10 pesos o un dólar. Mucho antes que estuviera la tecnología estaba mucho mejor, todos querían fotografía", precisó.

El costo promedio por tomarse un retrato de 6x8 en el burro-cebra es de 10 dólares (alrededor de 200 pesos), sin embargo, han tenido que adaptar otras tarifas cuando se realiza la toma con un dispositivo móvil, cobrando de uno a cinco dólares, dependiendo el tamaño del grupo.

UN OFICIO Y UN ANIMAL QUE SE NIEGAN A LA EXTINCIÓN

Los primeros registros de una fotografía con un burro-cebra datan de 1914, sin que esa fecha haya significado el surgimiento del que se convertiría en un ícono de la ciudad, refirió Josué Beltrán Cortez, coordinador del Archivo Histórico de Tijuana, quien menciona que en el crecimiento de la ciudad este atractivo turístico jugó un rol importante.

"La clase media dio nacimiento al turismo, quien ávida de salir, pasearse, ir a divertirse, ir a conocer, necesitaban llevar a su regreso a casa una evidencia del lugar donde estuvieron, una evidencia del encuentro con lo exótico, con lo distinto. Y la fotografía lo facilitó", explicó.

Surgieron protestas de grupos en favor de los derechos de los animales. Archivo | OEM

Los turistas extranjeros esperaban encontrar en Tijuana un México tradicional como el del centro o sur del país, así que los comerciantes construyeron la imagen del burro-cebra, acompañado de un sombrero de palma y un sarape para imitar el estereotipo de mexicano, narró el historiador.

"Por la tecnología de la época de principios de siglo XX y por la pigmentación del color de los burros, no salían en la fotografía... Los fotógrafos ambulantes y de estudio hicieron mil experimentos como sustituir al burro por cabras, borregos cimarrones, hasta que alguien se le ocurrió pintarlo con líneas negras y blancas. Le gustó a los turistas y nació el burro-cebra", agregó el historiador.

Durante décadas la popularidad turística de Tijuana creció al igual que el burro-cebra, al grado que en los años 60 y 70 se les encontraba las 24 horas del día sobre la avenida Revolución, según lo investigado por Beltrán Cortez.

"Cada permisionario estaba turnos de ocho horas con tres burros distintos en cada una de las esquinas de la avenida primera hasta la avenida novena", subraya.

Ese escenario donde había mucho trabajo cambió de manera drástica a partir de la caída de las ‘torres gemelas’ en Nueva York, y ya no había decenas de burros, sino apenas unos cuantos acomodados no más allá de la calle Sexta.

Pero la reducción de turistas no fue el único reto que tuvieron que librar los dueños de los burro-cebra. También surgieron las protestas de grupos en favor de los derechos de los animales que ocasionaron dudas e incluso rechazo a esa actividad en algunos sectores de la sociedad.

Lo anterior ha llevado a los "burreros" a aclarar el supuesto maltrato animal y al mismo tiempo a dignificar su oficio, porque no quieran que se extinga.

Con esa idea y buscando promover la “tijuaneidad”, el presidente de Unidos Asociación Civil, Roberto Langos, intentó su conservación.

"En el 2013, después de un estudio fenomenológico por académicos se dictaminó que el oficio de los burro-cebra estaba en vías de extinción. En ese momento buscamos que fuera patrimonio cultural de Baja California", dijo.

Pese al esfuerzo, no fue posible que se publicará en el Periódico Oficial de Baja California, agregó.

"La misma firma de abogados ambientalistas que empezaron a manejar la defensa para derogar el patrimonio de los toros, también lo hicieron con el burro-cebra, argumentando la explotación animal", recordó.

Sin embargo el líder de los burro-cebra aseguró que si bien han existido diferentes voces en contra de los "burreros", la realidad es otra.

"Nos gustaría que hubiera buenas noticias sobre nosotros. Que cuidamos y alimentamos bien al burro y que hubiera más publicidad sobre nosotros, que nos apoyaran más es en eso, para que regresaran más personas a retratarse con nosotros", destacó Alejandro Sandoval.

La calidad de vida de los burro-cebra fue avalada por los médicos veterinarios del Instituto de Investigaciones en Ciencias Veterinarias de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) campus Mexicali, quienes son los expertos a nivel nacional en equinos, de acuerdo a lo dicho por Langos.

"Cuando los auditan nos dicen: a nivel nacional los burritos viven de cinco a diez años máximo, y aquí tengo evidencias de burros que viven la vida normal de un equino, que puede ser de 25 a 30 años", afirmó.

"No hay lastimaduras o marcas de abuso, comen bien. Pueden estar mejor, sin embargo estos burros de la avenida Revolución están mejor que muchos animales que nosotros conocemos", apuntó el representante de Unidos A.C. sobre lo dicho por los veterinarios.

Los propietarios de burro-cebras esperan que el semáforo cambie a verde. Archivo | OEM

Por último, el presidente del Comité de Turismo y Convenciones de Tijuana (Cotuco), Gilberto Leyva Camacho, dijo que una vez que regresaron a sus actividades los restaurantes, tal vez sea tiempo que retorne el burro-cebra y con ello un ícono de esta ciudad.

"Sería cuestión de echar una platicada con el alcalde para que se reactive esa actividad que es tan importante para el tema turístico. Yo no le veo ningún problema porque se juntan una o dos personas con los burrito-cebra", expresó.

Por el momento, los "burreros" esperan que el semáforo de contagios de Covid-19 cambié a verde para continuar fotografiando a los que llegan a la llamada esquina de Latinoamérica.

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