/ sábado 20 de julio de 2019

Juan, agradecido y con esperanza

Después de ver a Juan en un video publicado por El Sol de Tijuana, Eduardo contactó a este diario para ver la forma poder ayudarlo

Crisstian Villicaña

Se dice que en los momentos de brillo es cuando más nos vemos rodeados de personas, mientras que aquellos en donde la obscuridad se hace presente solo quedan los que siguen fieles a una amistad, sin importar cuáles sean las circunstancias ahí están, presentes cuando todo parece perderse.

Algo así le pasó a Juan Zermeño, originario de Guadalajara que vivió gran parte de su vida en Estados Unidos para luego ser deportado a Tijuana el pasado 2018, lo que le llevó a vivir algunos días en albergues migrantes y otros en las calles de la ciudad; siendo él mismo el que nos narra su historia.

"Tengo 69 años. Tenía (en EU) mi esposa, mi hijo; la primera vez que fui luego me divorcié, me casé otra vez en Hawái y no tuvimos hijos, ella ya tenía sus hijas, yo las crié, eso fue lo que tenía yo de familia, ella ya está grave o murió, no sé qué pasó, ya no sé, aparte hubo problemas, ya no me llamaba, ya nos habíamos separado hace tiempo ella y yo".

"La vida en Hawái era muy tranquila, muy bonita, trabajaba muy temprano, me regresaba a mi casa. Era yo jardinero, sistema de riego, decoraba casas, limpiaba albercas y mi novia limpiaba la casa, ahí la conocí a mi novia, nos íbamos temprano a la casa, al mar, nadábamos y nos íbamos a casa a preparar las cosas del día siguiente; una vida muy tranquila, quisiera regresar".

"Ahora aquí estamos en Tijuana (él y su hijo). En Tijuana es muy bonita la gente, está impuesta ayudar al emigrante, aquí con la Madre Assunta me dan de comer a mediodía, estuve en la Casa del Migrante, me sacaron porque ya no puedo trabajar, estoy enfermo, tengo osteoporosis; antes andaba con un bastón, ahora ando con dos muletas", platicó.

Mientras intenta hacer su vida en esta frontera, no pierde la esperanza que le regresen la residencia y seguro social en Estados Unidos y con ello pueda regresar, mientras y debido a la enfermedad, se mantiene gracias a la ayuda que recibe, así como del dinero que obtiene su hijo como albañil, sin embargo, no es suficiente dinero, al grado que no han podido rentar un espacio donde vivir, obligándolos a ser parte de la población en situación de calle.

"Duermo en la calle, en la banqueta, aquí tengo mis cosas, ahí duermo, donde me da la noche realmente. Antes era cada día la muerte aquí, ahora ya me empiezo acostumbrar, pues es mi país aquí ¿verdad? a lo mejor hay algo que hacer aquí", señala.

VIEJAS AMISTADES, NUEVAS ESPERANZAS

Don Juan no imaginaba que la vida le iba a sonreír a través de amistades que forjó en la adolescencia en su natal Guadalajara. Amigos que luego de ver un vídeo de este diario en donde Juan cuenta su historia, buscaron la forma de contactarlo para ayudarlo tras ver la situación que atraviesa; uno de ellos es Eduardo Hernández Villa, quien nos platica.

"Nos conocemos desde que yo tenía 16 años, él es un poco más grande. Todo el tiempo nos juntábamos una bolita de cuates en la colonia 'Jardines del Country', en Guadalajara. Nos juntábamos diario, entonces por eso nos conocimos por muchos años; cada quien agarró su camino, él se iba a los Estados Unidos, regresaba a veces cada año, a veces cada dos o tres años, nos volvíamos a ver, de repente supe que se quedó a vivir en Estados Unidos, en Hawái, pero ya de ahí ya no supe nada de él".

Fueron alrededor de 32 años los que le perdieron la pista a Johny, como le dicen de cariño. Los amigos que tiene Eduardo en Estados Unidos tampoco sabían nada, solo que se había ido a Hawaí, pero desconocían si vivía o qué estaba haciendo de su vida.

Fue tanto el tiempo que no supieron de Juan que al momento que vieron el vídeo de su entrevista no lo reconocieron a primera vista, narra Eduardo que tuvo que ver el clip en varias ocasiones, incluso pausar la imagen y ampliarla para corroborar que era su viejo amigo.

"Nada que ver con el Johny que yo tenía en mente, él era gordito, era cachetón y nada que ver con la persona que ya estaba viendo ahí, pero todos los datos coincidían, su nombre completo, que estaba en Hawái, que es de Guadalajara, que su hermano ya había muerto; el físico no me checaba muy bien y ya después de ver con calma, dije si va ser Juan".

Eduardo decidió contactar al Sol de Tijuana para ver la forma de encontrar a Juan y poder ayudarlo, hecho que a los pocos días se pudo dar gracias a que el equipo de redacción pudo localizarlo y establecer el enlace, un contacto que se convertiría en una luz de esperanza.

"Juan me habló, le dije que había juntando un dinero que juntamos entre los amigos y ya se lo mandé, y él feliz de la vida, ahora si ya voy a comer bien y me voy a dormir a gusto; le dije que iba a ver más dinero, que estuviera en contacto, nada más que lo cuide en lo que se recupera; hemos tenido dos o tres llamadas, ya le mandamos más dinero y aquí estamos esperando para ver si quiere venirse le podemos ayudar".

"Con lo poco que le estamos ayudando ojalá que le sirva para cuando menos meterse al albergue a dormir, que coma algo más decente, ojalá que le sirva y que le aproveche bien", concluyó.

Juan, por su lado, indica que esta muy agradecido de haber encontrado a sus amigos, con los cuales tenía décadas sin hablar. "Unos 20 años, en lo que estuve en Hawái"; al cuestionarle si le dio gusto escucharlos, expresó. "Cómo no, si, me traen recuerdos de cuando yo vivía ahí (Guadalajara), somos del mismo lugar todos, de la misma colonia; hacíamos travesuras juntos".

Por último, nos dijo que su futuro es incierto, requiere viajar a Guadalajara para ver si existe una posible herencia de su madre, sin embargo, no sabe cuándo realizará dicho viaje, por lo pronto, todo parece indicar que permanecerá en Tijuana. "En Guadalajara murieron mis padres, mataron a mi hermano, mi hermano era agente de la Judicial Federal, no tengo a nadie más aquí, más que las amistades con las cuales acabo de hablar, es todo".

"Ha sido muy duro, muy duro, pero pues uno tiene que hacer todo lo posible por seguir, la vida sigue, hasta que el señor nos la quite", concluyó.

UNA LABOR CONSTANTE

Así como Juan, hay cientos de personas que deambulan por las calles de la ciudad, algunos por falta de un hogar, muchos otros adictos alguna droga, mientras que otra parte padece de alguna enfermedad mental, muchas veces ocasionada por la adicción.

El director de la Secretaría de Desarrollo Social Municipal (Sedesom), Víctor Marcial, platicó en entrevista que desde la implementación del programa para rehabilitar y reintegrar a personas en situación de calle en el 2017 hasta el primer trimestre de este año, se han atendido a 1328 personas encontradas en la vía pública, las cuales reciben ayuda como alimentación, corte de cabello, baño, cobija y los que requieren atención especial son llevados a centros de rehabilitación si así lo desean, sin embargo, dicha tarea suele ser la más complicada, ya que de los 1328 atendidos, sólo 210 han superado los primeros tres meses de rehabilitación.

"Muchos creen que los vamos a llevar y los vamos a tener encerrados a la fuerza, es un programa de convencimiento y ha sido lo más difícil, lo más difícil fue el principio. Esa es la labor más difícil, lograr convencerlos, también cambiar de pronto la percepción de que no es un programa que criminalice a las personas en situación de calle, tenemos que darles una opción", expresó.

Crisstian Villicaña

Se dice que en los momentos de brillo es cuando más nos vemos rodeados de personas, mientras que aquellos en donde la obscuridad se hace presente solo quedan los que siguen fieles a una amistad, sin importar cuáles sean las circunstancias ahí están, presentes cuando todo parece perderse.

Algo así le pasó a Juan Zermeño, originario de Guadalajara que vivió gran parte de su vida en Estados Unidos para luego ser deportado a Tijuana el pasado 2018, lo que le llevó a vivir algunos días en albergues migrantes y otros en las calles de la ciudad; siendo él mismo el que nos narra su historia.

"Tengo 69 años. Tenía (en EU) mi esposa, mi hijo; la primera vez que fui luego me divorcié, me casé otra vez en Hawái y no tuvimos hijos, ella ya tenía sus hijas, yo las crié, eso fue lo que tenía yo de familia, ella ya está grave o murió, no sé qué pasó, ya no sé, aparte hubo problemas, ya no me llamaba, ya nos habíamos separado hace tiempo ella y yo".

"La vida en Hawái era muy tranquila, muy bonita, trabajaba muy temprano, me regresaba a mi casa. Era yo jardinero, sistema de riego, decoraba casas, limpiaba albercas y mi novia limpiaba la casa, ahí la conocí a mi novia, nos íbamos temprano a la casa, al mar, nadábamos y nos íbamos a casa a preparar las cosas del día siguiente; una vida muy tranquila, quisiera regresar".

"Ahora aquí estamos en Tijuana (él y su hijo). En Tijuana es muy bonita la gente, está impuesta ayudar al emigrante, aquí con la Madre Assunta me dan de comer a mediodía, estuve en la Casa del Migrante, me sacaron porque ya no puedo trabajar, estoy enfermo, tengo osteoporosis; antes andaba con un bastón, ahora ando con dos muletas", platicó.

Mientras intenta hacer su vida en esta frontera, no pierde la esperanza que le regresen la residencia y seguro social en Estados Unidos y con ello pueda regresar, mientras y debido a la enfermedad, se mantiene gracias a la ayuda que recibe, así como del dinero que obtiene su hijo como albañil, sin embargo, no es suficiente dinero, al grado que no han podido rentar un espacio donde vivir, obligándolos a ser parte de la población en situación de calle.

"Duermo en la calle, en la banqueta, aquí tengo mis cosas, ahí duermo, donde me da la noche realmente. Antes era cada día la muerte aquí, ahora ya me empiezo acostumbrar, pues es mi país aquí ¿verdad? a lo mejor hay algo que hacer aquí", señala.

VIEJAS AMISTADES, NUEVAS ESPERANZAS

Don Juan no imaginaba que la vida le iba a sonreír a través de amistades que forjó en la adolescencia en su natal Guadalajara. Amigos que luego de ver un vídeo de este diario en donde Juan cuenta su historia, buscaron la forma de contactarlo para ayudarlo tras ver la situación que atraviesa; uno de ellos es Eduardo Hernández Villa, quien nos platica.

"Nos conocemos desde que yo tenía 16 años, él es un poco más grande. Todo el tiempo nos juntábamos una bolita de cuates en la colonia 'Jardines del Country', en Guadalajara. Nos juntábamos diario, entonces por eso nos conocimos por muchos años; cada quien agarró su camino, él se iba a los Estados Unidos, regresaba a veces cada año, a veces cada dos o tres años, nos volvíamos a ver, de repente supe que se quedó a vivir en Estados Unidos, en Hawái, pero ya de ahí ya no supe nada de él".

Fueron alrededor de 32 años los que le perdieron la pista a Johny, como le dicen de cariño. Los amigos que tiene Eduardo en Estados Unidos tampoco sabían nada, solo que se había ido a Hawaí, pero desconocían si vivía o qué estaba haciendo de su vida.

Fue tanto el tiempo que no supieron de Juan que al momento que vieron el vídeo de su entrevista no lo reconocieron a primera vista, narra Eduardo que tuvo que ver el clip en varias ocasiones, incluso pausar la imagen y ampliarla para corroborar que era su viejo amigo.

"Nada que ver con el Johny que yo tenía en mente, él era gordito, era cachetón y nada que ver con la persona que ya estaba viendo ahí, pero todos los datos coincidían, su nombre completo, que estaba en Hawái, que es de Guadalajara, que su hermano ya había muerto; el físico no me checaba muy bien y ya después de ver con calma, dije si va ser Juan".

Eduardo decidió contactar al Sol de Tijuana para ver la forma de encontrar a Juan y poder ayudarlo, hecho que a los pocos días se pudo dar gracias a que el equipo de redacción pudo localizarlo y establecer el enlace, un contacto que se convertiría en una luz de esperanza.

"Juan me habló, le dije que había juntando un dinero que juntamos entre los amigos y ya se lo mandé, y él feliz de la vida, ahora si ya voy a comer bien y me voy a dormir a gusto; le dije que iba a ver más dinero, que estuviera en contacto, nada más que lo cuide en lo que se recupera; hemos tenido dos o tres llamadas, ya le mandamos más dinero y aquí estamos esperando para ver si quiere venirse le podemos ayudar".

"Con lo poco que le estamos ayudando ojalá que le sirva para cuando menos meterse al albergue a dormir, que coma algo más decente, ojalá que le sirva y que le aproveche bien", concluyó.

Juan, por su lado, indica que esta muy agradecido de haber encontrado a sus amigos, con los cuales tenía décadas sin hablar. "Unos 20 años, en lo que estuve en Hawái"; al cuestionarle si le dio gusto escucharlos, expresó. "Cómo no, si, me traen recuerdos de cuando yo vivía ahí (Guadalajara), somos del mismo lugar todos, de la misma colonia; hacíamos travesuras juntos".

Por último, nos dijo que su futuro es incierto, requiere viajar a Guadalajara para ver si existe una posible herencia de su madre, sin embargo, no sabe cuándo realizará dicho viaje, por lo pronto, todo parece indicar que permanecerá en Tijuana. "En Guadalajara murieron mis padres, mataron a mi hermano, mi hermano era agente de la Judicial Federal, no tengo a nadie más aquí, más que las amistades con las cuales acabo de hablar, es todo".

"Ha sido muy duro, muy duro, pero pues uno tiene que hacer todo lo posible por seguir, la vida sigue, hasta que el señor nos la quite", concluyó.

UNA LABOR CONSTANTE

Así como Juan, hay cientos de personas que deambulan por las calles de la ciudad, algunos por falta de un hogar, muchos otros adictos alguna droga, mientras que otra parte padece de alguna enfermedad mental, muchas veces ocasionada por la adicción.

El director de la Secretaría de Desarrollo Social Municipal (Sedesom), Víctor Marcial, platicó en entrevista que desde la implementación del programa para rehabilitar y reintegrar a personas en situación de calle en el 2017 hasta el primer trimestre de este año, se han atendido a 1328 personas encontradas en la vía pública, las cuales reciben ayuda como alimentación, corte de cabello, baño, cobija y los que requieren atención especial son llevados a centros de rehabilitación si así lo desean, sin embargo, dicha tarea suele ser la más complicada, ya que de los 1328 atendidos, sólo 210 han superado los primeros tres meses de rehabilitación.

"Muchos creen que los vamos a llevar y los vamos a tener encerrados a la fuerza, es un programa de convencimiento y ha sido lo más difícil, lo más difícil fue el principio. Esa es la labor más difícil, lograr convencerlos, también cambiar de pronto la percepción de que no es un programa que criminalice a las personas en situación de calle, tenemos que darles una opción", expresó.

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