/ domingo 16 de diciembre de 2018

Cuando la vida ya no es vida

Si se habla de eutanasia, por lo general se refiere a una opción para personas con enfermedades terminales

La práctica de la eutanasia se ha convertido en una posibilidad para aquellos pacientes con enfermedades terminales, que padecen dolor físico insoportable y para quienes seguir con vida no es una opción digna.

¿Acaso la demencia no es también una enfermedad terminal, que provoca gran dolor a quienes la padecen puesto que los alejó de su gente querida y los vuelve totalmente dependientes de terceros? ¡Claro que sí!

Yo no quisiera seguir viviendo si llegara el momento en que no supiera quien soy, ni quienes son las personas que me rodean, en que simplemente vegetara durante todo el día. Me pregunto si ese cuerpo, sin mente ni recuerdos, sería yo. Estoy convencida de que no, que yo ya habría partido aunque mi cuerpo siguiera aquí.

En Holanda, la eutanasia es legal desde 2002. No se trata de que alguien se levante deprimido y decida terminar con su vida.

Lejos de eso. Está muy regulada: aparte de padecer una enfermedad terminal y padecer dolor insoportable, la persona debe haber expresado su deseo de que le practiquen la eutanasia por lo menos a su médico de cabecera y debe dejar firmado un documento al respecto. Uno o varios médicos, junto con un abogado y un ético, estudian el caso y lo autorizan. El doctor que la realice queda sometido al escrutinio de un comité y, en caso de haber incurrido en alguna falta, es penalizado incluso con cárcel. Nadie se toma esto a la ligera.

El problema principal para llevarla a cabo en caso de una persona con demencia estriba en que el enfermo debe confirmar su voluntad el día de la eutanasia. En estos casos, muchas veces es ya practicamente imposible.

La Asociación neerlandesa pro eutanasia (NVVE por sus siglas en neerlandés) continúa buscando opciones para reducir los obstáculos para que personas con demencia puedan ver cumplidos los deseos que expresaron antes de que la enfermedad los incapacitara.

Estuve en un simposio para analizar este tema. Se habló sobre casos concretos; escuchamos experiencias de médicos, investigadores y asesores. Me impactó el testimonio de los hijos y esposa de un hombre que durante años ratificó verbalmente y por escrito su voluntad expresa de eutanasia cuando perdiera la razón y que, a pesar de ese historial, no se le ha autorizado porque ya no puede decir “sí, quiero”.

El sufrimiento de él y de toda su familia al verlo como nunca quiso estar, es enorme.

Es importante reflexionar y hablar sobre este tema que, desgraciadamente, es tabú en muchas sociedades: la eutanasia en caso de enfermedades físicas, pero también en mentales.

Cualquier comentario relacionado con este artículo, favor de dirigirlo a mestrada@elsoldemexico.com.mx

La práctica de la eutanasia se ha convertido en una posibilidad para aquellos pacientes con enfermedades terminales, que padecen dolor físico insoportable y para quienes seguir con vida no es una opción digna.

¿Acaso la demencia no es también una enfermedad terminal, que provoca gran dolor a quienes la padecen puesto que los alejó de su gente querida y los vuelve totalmente dependientes de terceros? ¡Claro que sí!

Yo no quisiera seguir viviendo si llegara el momento en que no supiera quien soy, ni quienes son las personas que me rodean, en que simplemente vegetara durante todo el día. Me pregunto si ese cuerpo, sin mente ni recuerdos, sería yo. Estoy convencida de que no, que yo ya habría partido aunque mi cuerpo siguiera aquí.

En Holanda, la eutanasia es legal desde 2002. No se trata de que alguien se levante deprimido y decida terminar con su vida.

Lejos de eso. Está muy regulada: aparte de padecer una enfermedad terminal y padecer dolor insoportable, la persona debe haber expresado su deseo de que le practiquen la eutanasia por lo menos a su médico de cabecera y debe dejar firmado un documento al respecto. Uno o varios médicos, junto con un abogado y un ético, estudian el caso y lo autorizan. El doctor que la realice queda sometido al escrutinio de un comité y, en caso de haber incurrido en alguna falta, es penalizado incluso con cárcel. Nadie se toma esto a la ligera.

El problema principal para llevarla a cabo en caso de una persona con demencia estriba en que el enfermo debe confirmar su voluntad el día de la eutanasia. En estos casos, muchas veces es ya practicamente imposible.

La Asociación neerlandesa pro eutanasia (NVVE por sus siglas en neerlandés) continúa buscando opciones para reducir los obstáculos para que personas con demencia puedan ver cumplidos los deseos que expresaron antes de que la enfermedad los incapacitara.

Estuve en un simposio para analizar este tema. Se habló sobre casos concretos; escuchamos experiencias de médicos, investigadores y asesores. Me impactó el testimonio de los hijos y esposa de un hombre que durante años ratificó verbalmente y por escrito su voluntad expresa de eutanasia cuando perdiera la razón y que, a pesar de ese historial, no se le ha autorizado porque ya no puede decir “sí, quiero”.

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