/ domingo 15 de septiembre de 2019

México desperdicia 34.7% de los alimentos que produce

Empresas y gobiernos deben mejorar distribución para reducir asimetrías

El Sol de Tijuana

En el mismo México en el que 53 millones de personas viven en pobreza y 24 millones carecen de seguridad alimentaria, el desperdicio de alimentos alcanza el 34.7% de lo que se produce, por lo que el objetivo central de empresas y gobiernos debe ser la distribución de bienestar para reducir las asimetrías.

Así lo recalcó José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), maestro en bioingeniería egresado del Colegio de México, donde cursó el Programa LEAD, que forma líderes con un conocimiento profundo sobre las metas del desarrollo sustentable y los retos ambientales que México y el mundo enfrentan.

“Sin razón queda el crecimiento sin la distribución, está demostrado que la distribución no es espontánea, no es una derrama en automático, debemos empeñarnos sociedad, gobiernos y empresas en ser protagonistas; en el nuevo paradigma empresarial el objetivo central de los entes económicos debe ser la distribución, en su más amplio concepto”, dijo.

Lejos quedó, recalcó, el eslogan de “empresa para generar utilidades a sus accionistas”, las empresas sólo garantizarán su permanencia y sostenibilidad si son efectivas en distribución de bienestar, de ese tamaño es el reto, el gobierno debe ser el facilitador, rector y corrector de las desviaciones, esta es la verdadera transformación que deseamos y construimos.

“Falta un trabajo transversal que articule políticas públicas para que mantengan coherencia y persigan objetivos comunes en el horizonte; los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trazados por la ONU son el faro que orienta y la palabra clave es distribución de oportunidades, de educación, de recursos, para disminuir las asimetrías”, destacó.

Recordó que el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA) de la Cámara de Diputados dio a conocer este año que el desperdicio de alimentos en México alcanza el 34.7 por ciento de lo que se produce en el país, pero esto no sólo impacta en lo económico, sino también en lo social y ambiental.

José Carmelo Zavala añadió que uno de los investigadores del CEDRSSA, Jorge Arturo Morton Treviño, ha detallado que el desperdicio de la carne de cerdo asciende al 40 por ciento, mientras que en el caso del pescado alcanza el 37 por ciento, en la carne de res el 35 por ciento, en el pollo la cifra es del 29 por ciento y en las tortillas el 28 por ciento.

José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA)

“El 52.4% de los residuos sólidos se componen de restos de alimentos, que generan 36 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalentes a las emisiones anuales de 15.7 millones de vehículos, además de que se pierden 40 billones de metros cúbicos de agua, porque el costo asociado al desperdicio de alimentos en México es de 26 billones de dólares anuales”, dijo citando a Renán Poveda, especialista ambiental del Banco Mundial en México.

Por otra parte, el también vicepresidente de Gestión Ambiental en la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana destacó que es vital descarbonizar la economía para desacoplar la contaminación del crecimiento económico, puesto que sólo así es cómo se logrará un desarrollo sustentable y cómo las empresas podrán garantizar su permanencia.

“La más elemental definición de desarrollo sustentable intenta armonizar tres variables: economía, sociedad y medio ambiente en un equilibrio dinámico reflejado en las estructuras y la organización de gobiernos y empresas, pero no hemos sido exitosos, el enfoque jerárquico nos atrapa en un escalafón vertical y la necia realidad no se acomoda a él”, opinó.

Similar trauma nos causa la especialización profesional, añadió, la exigimos como piedra angular de la solución a todo y esto no es enteramente cierto, el intento por comprender un ecosistema tiene que ver con sus componentes, sus actores y elementos, pero desde luego que no se agota allí, sino en cómo interactúan y cómo funcionan.

“No hay jerarquía suficientemente dominante para determinar al ecosistema, sino que es la funcionalidad de las partes la que determina la sostenibilidad del ecosistema; es un permanente equilibrio dinámico, donde las interacciones modifican las características de las partes, hay un constante cambio, cada interacción crea una nueva característica”, explicó.

Necesitamos hacerle justicia al tema ambiental, añadió, evitando los subsidios ocultos a costillas del capital natural, del bien común propiedad de todos, con una verdadera y constante conexión con la naturaleza, con una permanente ponderación del valor de la biodiversidad como única piedra angular de todo lo económico y social.

Finalmente, Zavala Álvarez calificó como legítimos y serios los reclamos y preocupaciones de las organizaciones ambientales ante la modificación en la jerarquía del tema ambiental en la estructura del próximo gobierno estatal de Baja California, porque pasar de ser Secretaría a Subsecretaría requiere de una mayor explicación para que el mensaje esté completo.

“El diseño propuesto no se ha discutido suficiente y requiere una mayor socialización para que no sólo sea aceptado, sino acompañado, porque es mediante la participación social organizada, oportuna e informada como se construye el camino a la real transformación y sólo con el acompañamiento social habrá certidumbre de llegar a buen puerto”, concluyó.

El Sol de Tijuana

En el mismo México en el que 53 millones de personas viven en pobreza y 24 millones carecen de seguridad alimentaria, el desperdicio de alimentos alcanza el 34.7% de lo que se produce, por lo que el objetivo central de empresas y gobiernos debe ser la distribución de bienestar para reducir las asimetrías.

Así lo recalcó José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA), maestro en bioingeniería egresado del Colegio de México, donde cursó el Programa LEAD, que forma líderes con un conocimiento profundo sobre las metas del desarrollo sustentable y los retos ambientales que México y el mundo enfrentan.

“Sin razón queda el crecimiento sin la distribución, está demostrado que la distribución no es espontánea, no es una derrama en automático, debemos empeñarnos sociedad, gobiernos y empresas en ser protagonistas; en el nuevo paradigma empresarial el objetivo central de los entes económicos debe ser la distribución, en su más amplio concepto”, dijo.

Lejos quedó, recalcó, el eslogan de “empresa para generar utilidades a sus accionistas”, las empresas sólo garantizarán su permanencia y sostenibilidad si son efectivas en distribución de bienestar, de ese tamaño es el reto, el gobierno debe ser el facilitador, rector y corrector de las desviaciones, esta es la verdadera transformación que deseamos y construimos.

“Falta un trabajo transversal que articule políticas públicas para que mantengan coherencia y persigan objetivos comunes en el horizonte; los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) trazados por la ONU son el faro que orienta y la palabra clave es distribución de oportunidades, de educación, de recursos, para disminuir las asimetrías”, destacó.

Recordó que el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria (CEDRSSA) de la Cámara de Diputados dio a conocer este año que el desperdicio de alimentos en México alcanza el 34.7 por ciento de lo que se produce en el país, pero esto no sólo impacta en lo económico, sino también en lo social y ambiental.

José Carmelo Zavala añadió que uno de los investigadores del CEDRSSA, Jorge Arturo Morton Treviño, ha detallado que el desperdicio de la carne de cerdo asciende al 40 por ciento, mientras que en el caso del pescado alcanza el 37 por ciento, en la carne de res el 35 por ciento, en el pollo la cifra es del 29 por ciento y en las tortillas el 28 por ciento.

José Carmelo Zavala Álvarez, director del Centro de Innovación y Gestión Ambiental (CIGA)

“El 52.4% de los residuos sólidos se componen de restos de alimentos, que generan 36 millones de toneladas de dióxido de carbono, equivalentes a las emisiones anuales de 15.7 millones de vehículos, además de que se pierden 40 billones de metros cúbicos de agua, porque el costo asociado al desperdicio de alimentos en México es de 26 billones de dólares anuales”, dijo citando a Renán Poveda, especialista ambiental del Banco Mundial en México.

Por otra parte, el también vicepresidente de Gestión Ambiental en la Cámara Nacional de Comercio de Tijuana destacó que es vital descarbonizar la economía para desacoplar la contaminación del crecimiento económico, puesto que sólo así es cómo se logrará un desarrollo sustentable y cómo las empresas podrán garantizar su permanencia.

“La más elemental definición de desarrollo sustentable intenta armonizar tres variables: economía, sociedad y medio ambiente en un equilibrio dinámico reflejado en las estructuras y la organización de gobiernos y empresas, pero no hemos sido exitosos, el enfoque jerárquico nos atrapa en un escalafón vertical y la necia realidad no se acomoda a él”, opinó.

Similar trauma nos causa la especialización profesional, añadió, la exigimos como piedra angular de la solución a todo y esto no es enteramente cierto, el intento por comprender un ecosistema tiene que ver con sus componentes, sus actores y elementos, pero desde luego que no se agota allí, sino en cómo interactúan y cómo funcionan.

“No hay jerarquía suficientemente dominante para determinar al ecosistema, sino que es la funcionalidad de las partes la que determina la sostenibilidad del ecosistema; es un permanente equilibrio dinámico, donde las interacciones modifican las características de las partes, hay un constante cambio, cada interacción crea una nueva característica”, explicó.

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